En
todo deporte, es necesario dar un tiempo al cuerpo para que descanse.
Es un error muy común programar el descanso sólo
cuando el cuerpo llega al límite. Se aumenta la intensidad de los
entrenamientos hasta que la fatiga o una lesión fuerza a parar y de esta
manera perder el trabajo realizado en ciclos
anteriores.
Descansar sólamente cuando aparezca la fatiga o estrés muscular puede producir agotamiento de tus reservas de glucógeno para el
día siguiente o provocar problemas articulares, tendinosos y musculares semanas después.
El
cuerpo sufre ‘daños’ durante los entrenamientos. El descanso, y
especialmente el sueño, permiten a tu cuerpo reparar esos
daños. Esto significa que si no descansas lo suficiente después del
entrenamiento, tu cuerpo no será capaz de recuperarse lo cual conllevará
un debilitamiento permanente y un deterioro de los
tejidos.
La falta de descanso provocará un ‘efecto meseta’ que te impedirá mejorar tu rendimiento. Esto es lo que se conoce como ‘sobreentrenamiento’. En el peor de los casos, hará que te lesiones o enfermes.
RESPUESTA AL ESTRÉS DEL ENTRENAMIENTO
La manera en la cual reacciona el cuerpo humano al estrés se conoce como Síndrome de Adaptación General (SAG).
Podemos encontrar tres fases en la respuesta al estrés (alarma,
resistencia y agotamiento). Cuando el cuerpo sufre un estrés
nuevo o de mayor intensidad, la primera respuesta es la fase de
shock o alarma. Esta fase puede durar varios días o semanas durante las
cuales el deportista puede experimentar dolor
muscular excesivo, rigidez y un descenso temporal del rendimiento. A
continuación se produce la fase de resistencia, en la cual el cuerpo se
adapta al estímulo y vuelve a un funcionamiento
más normal.
En
esta fase el cuerpo es capaz de demostrar su capacidad de soportar el
estrés, una capacidad que se puede mantener durante un
período largo acorde a la salud y nivel de entrenamiento del
deportista. En este punto, el deportista necesita estas adaptaciones
neurológicas para continuar entrenando, al tiempo que el músculo
se adapta haciendo varios ajustes bioquímicos, estructurales y
mecánicos que permiten mejorar el rendimiento. Esta fase de la
adaptación se llama supercompensación.
Sin
embargo, si el estrés persiste durante un período largo, se alcanza
la fase de agotamiento. Reaparecen algunos de los
síntomas experimentados durante la fase de alarma (fatiga,dolor
muscular, etc…) y el deportista pierde la capacidad de adaptarse al
estímulo causante del estrés.
Resultado
Cuando no hay variación en el entrenamiento o cuando el estrés causado es demasiado grande, puede aparecer la monotonía, el
sobreentrenamiento y otras adaptaciones negativas.
Otros
factores origen de estrés no relacionados con el entrenamiento
(actividad laboral, falta de sueño, mala dieta, etc…) pueden
contribuir al estrés general y conducir a la fase de agotamiento. Es
esta fase la que el preparador físico debe tratar de evitar.


