La historia de los inicios y primeros días de la locomotora está relacionada con el nacimiento del coche a vapor, este último fue poco desarrollado y rápidamente abandonado por su enorme gasto energético, difícil de mantener.
El ferrocarril y su forma de trasporte, nace con la idea de trasportar carga. Esta acción de trasportar carga, se remonta a tiempos de los romanos, que acostumbraban a pavimentar con bloques de piedra los caminos mas transitados por donde trascurrían sus carros de carga.
En el siglo XVIII, este método fue adoptado por la explotación de los yacimientos de carbón en Inglaterra, donde dicho carbón era transportado desde las minas en carros tirados por caballos.
El sistema se p
erfecciono y rápidamente se dieron cuenta que estos carros giraban con mayor agilidad y rapidez por raíles. En un primer momento estos raíles eran de madera y poco a poco y por demanda del peso que trasportaba, se empezaron a construir recubiertos de planchas de metal que finalmente fueron sustituidos por metal enteramente.
erfecciono y rápidamente se dieron cuenta que estos carros giraban con mayor agilidad y rapidez por raíles. En un primer momento estos raíles eran de madera y poco a poco y por demanda del peso que trasportaba, se empezaron a construir recubiertos de planchas de metal que finalmente fueron sustituidos por metal enteramente.
Todo esto evoluciono y empezaron a construir y a trasformar el entorno, limaron el terreno, perforaron montañas con grandes túneles, construyeron puentes sobre ríos y rellenaron valles, creando circuitos llanos, cada vez mas largos.
Partiendo de estos toscos principios, nace la moderna vía férrea, propulsora de una revolución industrial y social.
Hacia finales del siglo XVIII , la máquina de vapor (Locomotora) había llegado a ser un factor decisivo en la industria. La máquina de vapor, antes de ser una locomotora, era una rudimentaria maquina para bombear agua, que paso de esa función a circular a una velocidad de 8 km/h arrastrando cinco vagones, cargados con 10 toneladas de acero y 70 hombres, sobre una vía de 15 km de una fundición en Gales del Sur.
¿Por que os comento todo esto?
El proyecto surgió en la época de Alfonso XIII como resultado del deseo de potenciar la relación entre tierras del centro peninsular y Extremadura, es decir la comunicación entre Talavera de la Reina-Guadalupe -Villanueva de la Serena , para unir los valles del Tajo y del Guadiana. Las obras empiezan durante la dictadura de Primo de Rivera y continuaron con la República tras un largo paréntesis de la Guerra Civil se abandonan definitivamente en 1964.
Nuestro día comienza a las 6:15 de la mañana. Suena el despertador, ducha rápida y recogida de los ya habituales enseres, casco, guantes, zapatillas y mi traje de “trabajo” el culote y mi maillot.
Estamos con el tiempo suficiente para una tranquila recogida de dorsales. Comienza el ritual, y empezamos a vestirnos con nuestros habituales disfraces con los que pasamos desapercibidos entre los más de 3.500 corredores convocados.
En esta ocasión me rodean mis compañeros, Kike, Merche y su chico.
El frío del inicio del día desaparece rápidamente, no hay sitio para bajas temperaturas. Se da la salida. Es muy importante estar atento a los muchos y en algunos momentos peligrosos adelantamientos, cualquier mínimo roce puede dar con nuestros huesos al suelo.
Los primeros kilómetros se esta realizando a un ritmo muy alto, Esto parara, pienso, pero que equivocado estaba.
Al igual que el ferrocarril, esto estaba evolucionando y sin darnos cuenta ya estamos en esa vía muerta, donde una locomotora humana compuesta por mas de 50 biker en cabeza, estaba abriéndose paso y rodando a un ritmo que si el mismísimo Alfonso XIII levantara la cabeza, estaría orgulloso de su proyecto.
De un ritmo alto se pasa a una frenética y suicida velocidad que en algunos casos superaba los 40 kilómetros por hora, los cuales se mantienen por que hay un grupo de “maquinistas” que tiene la caldera a tope y no paran de alimentarla.
Suerte, una estación… Veo el avituallamiento a unos 100 metros , hay público esperando y lo inteligente seria parar a llenar los depósitos, tan necesario para seguir atizando la caldera. Pero cual es mi sorpresa que ningún corredor reduce el ritmo, ni muestran un mínimo de intención de realizar parada alguna.
Fueron unos segundos donde trague saliva y coji el manillar con una leve rabia, ufffff la locomotora no para y esto tiene pinta de descarrilar. Si habéis visto la película “Bienvenido mister Marshall”, el momento vivido es una copia de la escena más popular de ese clásico, me refiero cuando los americanos pasan de largo por el centro del pueblo y tras desi dejan a un público sedientos de ser visitados.
El vapor que necesita la locomotora cada vez es mayor, el consumo esta siendo mayor a la carga que estamos reponiendo, la fricción de las ruedas motrices sobre los carriles es elevada y necesitamos mas poder de tracción. El calor no ayuda y el líquido refrigerante empieza a escasear.
Los pulsometros echan chispas, y puedo oír a mas de un pulsometro como se queja y da repetidos avisos con un incesante “pib-pib”, la maquina se esta forzando en exceso. Me asomo al monitor del corredor que tengo mas cerca y veo una cifra, 175, echo la mirada al frente y veo un pequeño repecho, miro al rostro del corredor y solo puedo echar la mirada al suelo, colocarme delante de el y hacerle un relevo. Me ha ayudado en varias ocasiones con algún relevo y es uno de los pocos que se ha ofrecido a ponerse en cabeza con migo, haciendo posible que cojieramos a un grupo de unos 10 corredores que nos precedía, la cabeza de carrera.
Tras nosotros hay entre 30-35 corredores y cada uno lleva su castigo. La locomotora que iba a un ritmo frenético, alcanza al grupo que llevábamos buscando desde hace unos kilómetros. El polvo que iban dejando era el rastro que nos indicaba que los teníamos muy cerca y tras pasar por varios túneles, el polvo cada vez es mas espeso, están cerca, ya los divisamos a lo lejos.
Los cojemos y con ello pienso que el ritmo ahora si decrecería, pero nada de nada, esto se anima a un mas, absorbemos al grupo y seguimos nuestro ritmo, varios corredores se enganchan y hacen mas a un mas largo el convoy.
Hay es cuando empieza a ponerse la cosa complicada. Rodando a más de 35 km/h y los acelerones son constantes, la goma se estira una y otra vez, la cabeza quiere perder carga. Hay quejas de que no se realizan relevos… ¿Qué queréis? Si a duras penas la gente puede seguir a rueda.
Los corredores que ruedan a altas velocidades y a unas pulsaciones elevadas, rápidamente abandonan el convoy, cualquier repecho por pequeño que sea, hace tensar la cuerda y la maquinaria ya esta trabajando al máximo.
Desde la mitad de la ruta, se rueda en solitario o en pequeñas grupetas, en las que entras y sales con gran facilidad. El cuerpo esta siendo maltratado y aunque no hay grandes desniveles, a poco que el terreno se inclina, las diferencias son notables y adelantas o te adelantan.
En esta ocasión estoy rodando con la “COLUER twelve cross ride" que la marca Coluer me ha configurado para correr esta temporada. En este modelo el bloqueo de la suspensión lo acciono desde el mando situado en el manillar, cosa que me ha facilitado mucho a la hora de enfrentarme a los pequeños repechos que ya ni me molesto a cambiar de plato grande al mediano.


Se que estoy abusando del plato grande, el cual no dejo de usar en ningún momento y aun cruzando la cadena en muchas ocasiones no me da ningún problema. Las cubiertas elegidas para el día, han sido unas Tioga de medida 1.90, son Tubeless y la presión ha sido aumentada casi a los 4 kilos. Este exceso de presión, ha hecho que en muchos tramos, por intentar sujetar la trayectoria de la dirección por los continuos pequeños baches, llevara la punta de los dedos adormecidos.
Pasan los kilómetros y un compañero me informa que llevamos 95 kilómetros , se me ha pasado rápido. La velocidad tiende a bajar, el aire nos esta atacando de frente y a partir de esta distancia, comienzan una series de repechos rompepiernas que no siendo muy largos son muy continuos y hacen que cada uno vaya por libre sin hacer caso a las muchas invitaciones que los corredores y sus ruedas nos hacen de seguirlas.
A duras penas puedo ingerir una de la barritas que he cojido en el único avituallamiento que sin parar me han suministrado. Creo que solo quedan 15 kilómetros , hemos estado rodando en el grupo de cabeza durante todo el día y ha sido en el último momento cuando nos hemos descolgado. Por mas carbón que hemos echado, hay maquinas mas perfectas, mas potentes y mas rápidas, que no se detienen por nada, que hacen oídos sordos a una climatología adversa, a un gran desnivel o al firme mas irregular.
A lo lejos diviso la civilización y nuestro viaje llega a su fin. Estamos 3 corredores codo con codo y ya no hay ni orden en los relevos. Reina el descontrol y ninguno cede, nos damos los últimos “palos”, como si acabáramos de salir a retarnos, la goma se estira una y otra vez antes de cruzar la meta.
Llegamos a nuestro fin de trayecto, impresionante el despliegue de la organización.
En ese momento no me doy cuenta que la maquina ha sido forzada, 4 horas 30 minutos aproximadamente y a una media de 29 kilómetros por hora.
Alfonso XIII debería de estar orgulloso. Si, orgulloso por que sin haber inaugurado su proyecto y con algún siglo de retraso, hoy puedo decir que por sus enclaves ha rodado una locomotora impresionante, con mas de 3500 “maquinistas locos por el mountain bike”, algunos de ellos con el carnet de profesiones, otros muchos con mucha ilusión y grandes aspiraciones, con una gran preparación, y todos ellos con el mismo fin, hacer mas grande esta edición de la Talajara 2011.
Ahora ya en casa y tras la merecida ducha, creo que ha sido la mejor de las Talajaras a las que he asistido, “Todo un éxito”. Un circuito muy bien marcado, avituallamientos repletos, el personal de la organización atento con nosotros y la llegada un despliegue de medios que hace que esta prueba este marcada año tras año en nuestro calendario de citas a las que no puedo faltar.
Pedro Baltasar | TodoMTB.com



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