A continuación os voy a contar uno de mis viajes, el cual realice en el puente de mayo del 2005, donde yo me quedo en un segundo plano para dar paso a mi chica, Cristina, la protagonista de mi relato.
Tras haber realizado con ella un viaje de estos programado a Túnez, turismo con cámara en mano inmortalizando todo para mostrar a cualquier conocido al regreso… Le propuse que el próximo viajecillo lo realizáramos, distinto. Ese tipo de viaje que me gusta a mí, que nada está planeado, sin reloj y que todo surge en el momento, sin previo aviso.
Recuerdo lo nerviosa que estaba días antes, ese estado de incertidumbre que todos en algún momento hemos tenido y que es difícil explicar, solo había que verla.
El viaje consistía en realizar el Camino de Santiago, yo ya lo he realizado en varias ocasiones, pero esta vez era especial, quería mostrarle a ella los sitios por donde yo tanto he disfrutado y tantas historias, anécdotas y peripecias me había oído contar.
Salimos de la estación de autobuses de Madrid, acostumbrado a realizar este tipo de aventuras con mis compañeros esta vez era diferente, ¿como reaccionaria mi chica a los kilómetros?, algunos de los cuales no son fáciles de hacer, tanto por sus tramos técnicos como por la inclinación de los mismos. Mi intención era realizarlos por los senderos y trialeras por donde va el verdadero camino de Santiago.
Embarcamos en un autobús en la estación de autobuses de Madrid, destino Astorga, llegamos de madrugada, muy de madrugada y no era hora de buscar alojamiento. Todavía recuerdo su cara cuando le dije que era hora de dormir un poco, ¿En el suelo? ¿En un parque? , la primera noche le hice dormir en el suelo de un parque, ella no daba crédito, pero así fue. Ahora me arrepiento.
Eso nos vino bien, porque las siguientes noches serian en albergues y así apreciaríamos la cama y techo, que nos ofrecieran.
Los días trascurrían geniales, parábamos donde y cuando queríamos, comíamos de maravilla y yo disfrutaba viendo que ella estaba disfrutando de cada momento.
Yo realmente no daba crédito a lo que iba viendo, el recorrido que en algunos momentos se ponía de un nivel técnico muy complicado, no era un impedimento ni obstáculo para ella.
Recuerdo una de las bajadas por un sendero muy trialero, muy largo y que en algunos de los tramos me puso en un aprieto. Ella realizo ese tramo, sin rechistar, muy segura de lo que hacía y se me pone la carne de gallina al recordar cuando al final de dicho tramo, para mi muy especial por la dificultad, desmonte de mi bici, a un metro tras de mí, ella hace la misma operación, tire la bici, la mire y fui a darle un abrazo, sabía que sentía ella en ese momento y solo se merecía una felicitación.
Note como tenía los ojos mojados, orgullo, felicidad, euforia, adrenalina…es difícil de explicar la mezcla, se me hizo un nudo en la garganta, me emocione, no se me olvidara jamas.
También tuvimos algunos momento malos, bueno difíciles mejor dicho, uno de los días casi al terminar la jornada de pedaleo, fuimos a pedir cama en uno de los albergues y nos comunican que no hay sitio, bueno, pues nada… seguimos hasta el siguiente albergue y problema resuelto.
Esto se dice rápido pero cuando ya llevas varios días y kilómetros acumulados, las piernas y el cuerpo acusan el cansancio y así fue, yo sé, lo que es una pájara pero a ella le pillo de repente, no podía ni moverse y el ritmo bajo tanto que me llegue a preocupar, no por llegar al albergue si no por ella, no me gusta ver sufrir a nadie una pájara, y menos a mi chica, es algo que no se puede controlar y que te deja totalmente anulado. En ese momento me hubiera cambiado por ella. Ver así a tu pareja tras haberla visto pedalear todo el día no es agradable.
Solo había una solución, vendita glucosa, la cual nos dio el mínimo que necesitábamos para llegar al albergue donde cama y cena nos esperaba, se lo había ganado.
Si habéis realizado la subida a Ocebreiros, seguro que no olvidareis las rampas y su alta inclinación, las cuales nos llevaros a otro de los momentos dignos de recordar. Hicimos noche en Ocebreiros, nos levantamos y vemos el panorama muy oscuro, llovía a mares y el frio era insoportable. Allí no nos podíamos quedar, teníamos que iniciar el descenso, era muy largo y debíamos cubrirnos lo mejor posible para no congelarnos.
Parece mentira como en un momento así, uno no piense en sí mismo, mi mayor preocupación era que el descenso no le minara la moral. No sabíamos cuanto podía durar la situación climatológica y nos pusimos manos a la obra. Nos vestimos con toda la ropa posible y empecé a forrar el cuerpo de ella con bolsas de plástico, llevaba mas capas que una cebolla, manos cubiertas por bolsas, todo un cuadro.
La imagen no se me borrara nunca, tras bastantes kilómetros y mucho frio conseguimos alejarnos del mal tiempo y continuar con la aventura.
Pasan los días y nuestro viaje llegaba a su fin, la noche anterior a la llegada, dormimos en el alberge del monte del Gozo, de gozo nada, por que nos toco en la habitacion un pergrino que roncaba como un oso. Yo no pude dormir, insoportable.
Solo teníamos que levantarnos, asi lo hicimos, desayunamos en el primer sitio que encontramos y solo teniamos que pedalerar unos pocos kilómetros.
Entrabamos en Santiago de Compostela, no puedo trasmitiros como se sentía, yo, orgulloso e impresionado de ella y como había aguantado, el recorrido, los kilómetros, el mal tiempo, etc.… Por fin en la plaza del Obradoiro, ahora habia que ir a por el documento que acreditaba que habiamos realizado el Camino de Santiago.
Solo puedo decir que ha sido el mejor Camino de Santiago que he hecho.
En este viaje obtengo algunos de mis mejores recuerdos en bici, por los buenos momentos de pedaladas junto a mi chica, a la cual quiero, aprecio y le dedico este artículo...
Pedro Baltasar
Tras haber realizado con ella un viaje de estos programado a Túnez, turismo con cámara en mano inmortalizando todo para mostrar a cualquier conocido al regreso… Le propuse que el próximo viajecillo lo realizáramos, distinto. Ese tipo de viaje que me gusta a mí, que nada está planeado, sin reloj y que todo surge en el momento, sin previo aviso.
Recuerdo lo nerviosa que estaba días antes, ese estado de incertidumbre que todos en algún momento hemos tenido y que es difícil explicar, solo había que verla.
El viaje consistía en realizar el Camino de Santiago, yo ya lo he realizado en varias ocasiones, pero esta vez era especial, quería mostrarle a ella los sitios por donde yo tanto he disfrutado y tantas historias, anécdotas y peripecias me había oído contar.
Salimos de la estación de autobuses de Madrid, acostumbrado a realizar este tipo de aventuras con mis compañeros esta vez era diferente, ¿como reaccionaria mi chica a los kilómetros?, algunos de los cuales no son fáciles de hacer, tanto por sus tramos técnicos como por la inclinación de los mismos. Mi intención era realizarlos por los senderos y trialeras por donde va el verdadero camino de Santiago.
Embarcamos en un autobús en la estación de autobuses de Madrid, destino Astorga, llegamos de madrugada, muy de madrugada y no era hora de buscar alojamiento. Todavía recuerdo su cara cuando le dije que era hora de dormir un poco, ¿En el suelo? ¿En un parque? , la primera noche le hice dormir en el suelo de un parque, ella no daba crédito, pero así fue. Ahora me arrepiento.
Eso nos vino bien, porque las siguientes noches serian en albergues y así apreciaríamos la cama y techo, que nos ofrecieran.
Los días trascurrían geniales, parábamos donde y cuando queríamos, comíamos de maravilla y yo disfrutaba viendo que ella estaba disfrutando de cada momento.
Yo realmente no daba crédito a lo que iba viendo, el recorrido que en algunos momentos se ponía de un nivel técnico muy complicado, no era un impedimento ni obstáculo para ella.
Recuerdo una de las bajadas por un sendero muy trialero, muy largo y que en algunos de los tramos me puso en un aprieto. Ella realizo ese tramo, sin rechistar, muy segura de lo que hacía y se me pone la carne de gallina al recordar cuando al final de dicho tramo, para mi muy especial por la dificultad, desmonte de mi bici, a un metro tras de mí, ella hace la misma operación, tire la bici, la mire y fui a darle un abrazo, sabía que sentía ella en ese momento y solo se merecía una felicitación.
Note como tenía los ojos mojados, orgullo, felicidad, euforia, adrenalina…es difícil de explicar la mezcla, se me hizo un nudo en la garganta, me emocione, no se me olvidara jamas.
También tuvimos algunos momento malos, bueno difíciles mejor dicho, uno de los días casi al terminar la jornada de pedaleo, fuimos a pedir cama en uno de los albergues y nos comunican que no hay sitio, bueno, pues nada… seguimos hasta el siguiente albergue y problema resuelto.
Esto se dice rápido pero cuando ya llevas varios días y kilómetros acumulados, las piernas y el cuerpo acusan el cansancio y así fue, yo sé, lo que es una pájara pero a ella le pillo de repente, no podía ni moverse y el ritmo bajo tanto que me llegue a preocupar, no por llegar al albergue si no por ella, no me gusta ver sufrir a nadie una pájara, y menos a mi chica, es algo que no se puede controlar y que te deja totalmente anulado. En ese momento me hubiera cambiado por ella. Ver así a tu pareja tras haberla visto pedalear todo el día no es agradable.
Solo había una solución, vendita glucosa, la cual nos dio el mínimo que necesitábamos para llegar al albergue donde cama y cena nos esperaba, se lo había ganado.
Si habéis realizado la subida a Ocebreiros, seguro que no olvidareis las rampas y su alta inclinación, las cuales nos llevaros a otro de los momentos dignos de recordar. Hicimos noche en Ocebreiros, nos levantamos y vemos el panorama muy oscuro, llovía a mares y el frio era insoportable. Allí no nos podíamos quedar, teníamos que iniciar el descenso, era muy largo y debíamos cubrirnos lo mejor posible para no congelarnos.
Parece mentira como en un momento así, uno no piense en sí mismo, mi mayor preocupación era que el descenso no le minara la moral. No sabíamos cuanto podía durar la situación climatológica y nos pusimos manos a la obra. Nos vestimos con toda la ropa posible y empecé a forrar el cuerpo de ella con bolsas de plástico, llevaba mas capas que una cebolla, manos cubiertas por bolsas, todo un cuadro.
La imagen no se me borrara nunca, tras bastantes kilómetros y mucho frio conseguimos alejarnos del mal tiempo y continuar con la aventura.
Pasan los días y nuestro viaje llegaba a su fin, la noche anterior a la llegada, dormimos en el alberge del monte del Gozo, de gozo nada, por que nos toco en la habitacion un pergrino que roncaba como un oso. Yo no pude dormir, insoportable.
Solo teníamos que levantarnos, asi lo hicimos, desayunamos en el primer sitio que encontramos y solo teniamos que pedalerar unos pocos kilómetros.
Entrabamos en Santiago de Compostela, no puedo trasmitiros como se sentía, yo, orgulloso e impresionado de ella y como había aguantado, el recorrido, los kilómetros, el mal tiempo, etc.… Por fin en la plaza del Obradoiro, ahora habia que ir a por el documento que acreditaba que habiamos realizado el Camino de Santiago.
Solo puedo decir que ha sido el mejor Camino de Santiago que he hecho.
En este viaje obtengo algunos de mis mejores recuerdos en bici, por los buenos momentos de pedaladas junto a mi chica, a la cual quiero, aprecio y le dedico este artículo...
Pedro Baltasar


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