Creer, lo que continuación os cuento, el infierno existe y yo he estado en el...
A finales del mes de enero del 2002, ojeando una de las revistas especializadas en mountain bike, leo una de las pruebas que se van a realizar. El Red bull “time out”, una carrera contra el cronómetro. Esta carrera se desarrolló en las islas Canarias y tiene un recorrido, el cual se ha de realizar en un tiempo limite, si no llegas a la meta en el tiempo estimado... estas “time out”, ósea fuera de carrera, eliminado y sin opción a correr la siguiente etapa, la cual se desarrolla en otra isla.
Si por el contrario, realizas el recorrido en el tiempo impuesto por la organización, has de continuar y llegar al barco, el cual partirá, a una hora, hacia la siguiente isla, dejando en tierra a todo corredor que no haya embarcado.
La verdad, nunca había participado en algo semejante y en su momento pensé “muy difícil tenia que ser para no terminar...”, decidí inscribirme, ahora lo recuerdo y se me ponen los pelos como escarpias, cuando pienso lo mal que lo pasé.
Se acerca el día, mi compañero Ricardo, me lleva a la terminal del aeropuerto de Barajas, donde me encuentro a varios de los corredores, que veo a menudo en las revistas especializadas, en este deporte.
Llegamos a Canarias, nos esperan varios autobuses, los cuales nos trasladan al puerto, donde me quedo impresionado por el recibimiento que nos brindó la gente de Red Bull. Vaya despliegue de medios, motos, 4x4, la tripulación del barco y como no, las chicas Red Bull...era de noche y el barco totalmente iluminado era impresionante.
Después de acomodarnos en el camarote que nos habían asignado, nos citan en la sala de reuniones, donde nos explican los entresijos de la prueba y nos dan toda la información para llevarla acabo: datos del recorrido y el terrible perfil de la primera etapa. Lo ponen muy negro, veo como todos los corredores salen contentos pero desconfían. En ese momento, recuerdo un pensamiento que tuve “si desconfían éstos, que son corredores profesionales...”. Nos fuimos a cenar a la cubierta del barco y rápidamente a la cama.
Primera etapa “Gran Canarias” Cañon del aguila – Teide
Etapa cronometrada 75 kilómetros.
Enlaces 40 kilómetros.
Total 115 kilómetros.
Etapa sobre terreno pedregoso, pistas de tierra y asfalto. Ascensión al pico de las nieves, a 1.600 metros sobre nivel del mar.
Me despierto pronto y voy a desayunar al comedor del barco, soy el único que viste ropa de calle, todos están con maillot y culotte, desayuno rápidamente y me dirijo a llenar mi Camelbag con diferentes brebajes.
Me dispongo a pasar la verificación de mi bici. Una Alpinestar de carbono, pintada en azul piscina. Es mi bici habitual, la cual la tengo montada por completo con un grupo Shimano XT con dos platos y con una horquilla rígida, un error que pagaría caro.
Ya en la salida y a falta de unos minutos para que dieran la salida, se me acerca un comisario de la carrera, el cual, me comunica que no puedo tomar la salida así, ¿así como? Le pregunté, vestía un maillot sin mangas y no era aceptado por la UCI. Bastante nervioso estaba ya, como para buscar en ese momento otro. Al final preguntando a varios corredores, me dejan uno y así puedo salir. Desde aquí agradezco el compañerismo, a ese corredor y decirle que guardo el maillot como recuerdo.
Salimos todos en una piña, debíamos de hacer un trayecto de 20 kilómetros neutralizado. Ese ritmo, que ellos decían “neutralizado”, para mi, ya era de carrera. Llegamos a la playa y desde allí, se efectuaría la salida, tipo Le mans: corredores a una distancia de sus bicis, los cuales irían corriendo a por ellas, todo un espectáculo.
120 corredores y una idea en común, llegar a tiempo. Como si de una prueba de atletismo se tratase, salimos como rayos. Decidí dar lo máximo en todo momento, lo inteligente hubiera sido seguir a uno de los muchos grupos que se iban formando a lo largo del recorrido. Mi inexperiencia en este tipo de pruebas, me hizo ir en muchos momentos solo y terminar totalmente agotado. En algunos de los tramos me desgasté en exceso y superé los fuertes desniveles, sin poder descansar por el duro perfil por donde nos hacían rodar. Por fin termino y llego a la meta cansado, muy cansado y con un desgaste excesivo.
Tenía en mis piernas un desnivel acumulado de 2000 metros y una subida de mas de 18 kilómetros; una ascensión que no se me olvidará jamás. Lo había pasado mal, y viendo lo poco que me había preparado para esta prueba, estaba más que contento y dispuesto para la siguiente. Tenia que llegar primero a barco, el cual zarparía a una hora. Una vez en él, ducha, paso por el masajista y la merecida cena.
En esta primera etapa se quedaron fuera de carrera 62 corredores, entre abandonos, averías y aquellos que no pudieron llegar en el tiempo impuesto.
Segunda etapa “Fuerteventura” Playa blanca – Corralejo.
Etapa cronometrada 105 kilómetros.
Enlaces 10 kilómetros.
Total 115 kilómetros.
Etapa de perfil llano sobre pistas rizadas de tierra con algún tramo de playa, el tiempo sería la mayor dificultad. Empieza el día, son las 7 de la mañana y ya estoy desayunando. Bajo a revisar mi bici y a preparar todo lo necesario para empezar lo que para mi ya era un triunfo, seguir en carrera.
Nada mas montarme en mi bici, siento que tengo un problema, siento un dolor no muy bueno en la zona donde toma contacto mi cuerpo con el sillín. Si, es mi trasero, tenía una herida producida por los kilómetros del día anterior. Ya poco se podía hacer, no le di la importancia que se merecía y tomé la salida sin mas. El ritmo os lo podéis imaginar: como motos. El terreno no tenía complicaciones en cuanto al desnivel, pero el fuerte viento que soplaba y los tramos de playa estaban haciendo que ésta etapa fuera un calvario.
En la primera mitad de ésta etapa pude ir con un grupo de corredores, en el que todos participaban haciendo relevos. El grupo se disgregó en los numerosos avituallamientos, sin darme cuenta continué sólo. Así fui hasta terminar la prueba. Entraba en tiempo y me sentía grande pero al mismo tiempo agotado. Entraba de los últimos, a falta de unos minutos para el cierre de meta, había terminado el calvario de hoy. Nos dirigimos a una playa donde acampamos para poder descansar y pensar en como afrontar lo que para mi empezaba a ser el infierno.
Recuerdo que en esta etapa tuve que realizar muchos kilómetros de pie, en cima de mi bici. Mi herida había pasado de ser pequeña a ser importante, pero ya tenia la mitad de mi aventura y más ganas que cuando empecé. En esta etapa se quedaron “time out” 10 corredores, ya sólo quedaban 52 y la organización nos decía que esto no había echo nada mas que empezar.
Tercera etapa Lanzarote “Playa del papagayo – los lajares
Etapa cronometrada 80 kilómetros.
Enlaces 5 kilómetros.
Total 85 kilómetros.
Etapa rompepiernas con perfiles irregulares y fuertes repechos iniciales. Terreno volcánico, muy pedregoso, todo un banco de tortura para las bicis.
Ya nada mas levantarme, noto una molestia impresionante en mi trasero. En ningún momento se me pasó por la cabeza la idea de retirarme. Tenía un notable cansancio acumulado, y por lo que me dicen, iba a ser un día glorioso: o sea mortal.
Se inicia la tercera prueba. Estar sentado en la bici es todo un infierno. Poco a poco me doy cuenta de que para mi éste sería el último día de carrera. Mi media (km/h) había bajado notablemente y el terreno no estaba a mi favor... repechos impresionantes. Mi bici provista de sólo dos platos: mediano y grande, me hizo pasar verdaderos momentos difíciles. Era el último de todos los corredores. El terreno que era de roca volcánica me impedía mantener una buena media, ya que no disponía de una suspensión delantera. A falta de 20 kilómetros y con un calor asfixiante, empiezo a sangrar por la nariz. Me imagino la imagen dantesca que estaba dando.
Era el último corredor y mis fosas nasales eran un grifo. No podía dejar de pedalear porque no llegaría a tiempo. Muy de cerca venia un 4x4 y la moto que cerraba carrera, la cual me informo de que a ese ritmo no llegaría dentro de el tiempo... la verdad que en ese momento era un trapo. Sin dejar de pedalear me tapé la nariz hasta que dejé de sangrar. Siendo consciente de los kilómetros que llevaba, los que me quedaban y la perdida de sangre que había tenido, eché la vista atrás y recuerdo cómo comparé a los vehículos que me precedían, con los buitres que esperan el momento en que su presa muestra síntomas de debilidad para iniciar su captura.
La mayoría de esta etapa la había realizado sin poder sentarme y así intenté finalizar. En ese momento pedalee como creo que nunca lo había hecho. Un impresionante paisaje, el cual no pude disfrutar y, a lo lejos, el arco de meta. A falta de un par de minutos consigo llegar. Fui en todo momento animado por el piloto de la moto que cerraba la carrera. A falta de pocos metros consigo pasar a un corredor y haciendo entrada en meta, con la cara ensangrentada, me tengo que arrodillar. No me mantenía en pie y vi cómo se acercaba una de las cámaras de televisión para inmortalizar el momento. Lloraba, no se si por el sufrimiento o de alegría. En ese momento, se acerca el motorista, se quita el casco y me da un abrazo felicitándome. No tuve palabras para agradecerle el apoyo moral que me dio.
No había terminado todo. Tenía que ir a un complejo deportivo llamado “La santa” , todo un lujo, después del infierno en el que había estado. Apenas podía caminar por culpa de la herida que tenia en el trasero. Necesitaba una buena cena y tiempo para descansar, mañana seria otro día de carrera y aunque en ningún momento me rondó la idea de abandonar, dudé de mi recuperación.
Cuarta etapa “La Graciosa”
Etapa cronometrada 15 kilómetros.
Enlaces 55 kilómetros.
Total 70 kilómetros.
Poco sabia de esta etapa. No podía perder ningún minuto, ya que mi estado físico no era pletórico y tenía que regularme si pretendía concluir la prueba. Desde el primer momento fui con los típicos síntomas de agotamiento: piernas cansadas y las subidas, se me hacían eternas. Perdí todo contacto con el tiempo que me queda y los kilómetros que faltan... estuve en todo momento pedaleando solo y varios corredores que llegaron en tiempo el día anterior, me comunicaron que se retiraban.
Tras bajarme en varias ocasiones de la bici, las cuales tuve que realizar en terreno llano, por el agotamiento que llevaba, decidí tomar varias de esas pastillas de glucosa que llevo en caso de emergencia.
Dichas pastillas fueron como gasolina súper, empecé a pedalear a un ritmo constante y pasé a varios corredores, los cuales reflejaban la imagen que yo tenía, momentos antes a la ingestión de glucosa.
Terminé una subida mortal, o así me lo pareció, y vi al fondo el puerto al que ya llegaba. Empecé un descenso suicida. Yo sin horquilla de suspensión y las pulsaciones por las nubes, se me iba a salir el corazón... vi una flecha que me indicaba “hacia el puerto” ya entrando en el puerto vi la publicidad de Red Bull, pero cual fue mi sorpresa, que lo que veo de fondo es el barco, ese en el que tenía que haber subido, para poder disputar la final... llegué con apenas 2 minutos de retraso. Se me saltaron las lagrimas y os aseguro que no era por el dolor de mi trasero, ni por el agotamiento que tenía, era por lo que había sufrido para llegar hasta allí.
Ya repuesto del disgusto, me cuentan cómo pocos minutos antes de llegar yo, lo hicieron varios corredores, los cuales saltaron al barco, cuando éste ya estaba separado del muelle; de película.
Para mi, había terminado la carrera y había sufrido como nunca. Sólo la acabaron 28 corredores, a los cuales felicito y admiro por su compañerismo, al igual que dar mi enhorabuena a la organización por darnos la oportunidad de pedalear por estos parajes...
Viendo la entrega de premios, sólo para los que lograron terminar, ya no me acordaba de lo mal que lo había pasado, en ese momento decidí repetir... pero mucho mas preparado. Deseaba llegar a Madrid, para poder contar a mis amigos la experiencia. Tenía un año para prepararme e intentar que me acompañaran en la próxima edición mis amigos...
Pedro Baltasar
A finales del mes de enero del 2002, ojeando una de las revistas especializadas en mountain bike, leo una de las pruebas que se van a realizar. El Red bull “time out”, una carrera contra el cronómetro. Esta carrera se desarrolló en las islas Canarias y tiene un recorrido, el cual se ha de realizar en un tiempo limite, si no llegas a la meta en el tiempo estimado... estas “time out”, ósea fuera de carrera, eliminado y sin opción a correr la siguiente etapa, la cual se desarrolla en otra isla.
Si por el contrario, realizas el recorrido en el tiempo impuesto por la organización, has de continuar y llegar al barco, el cual partirá, a una hora, hacia la siguiente isla, dejando en tierra a todo corredor que no haya embarcado.
La verdad, nunca había participado en algo semejante y en su momento pensé “muy difícil tenia que ser para no terminar...”, decidí inscribirme, ahora lo recuerdo y se me ponen los pelos como escarpias, cuando pienso lo mal que lo pasé.
Se acerca el día, mi compañero Ricardo, me lleva a la terminal del aeropuerto de Barajas, donde me encuentro a varios de los corredores, que veo a menudo en las revistas especializadas, en este deporte.
Llegamos a Canarias, nos esperan varios autobuses, los cuales nos trasladan al puerto, donde me quedo impresionado por el recibimiento que nos brindó la gente de Red Bull. Vaya despliegue de medios, motos, 4x4, la tripulación del barco y como no, las chicas Red Bull...era de noche y el barco totalmente iluminado era impresionante.
Después de acomodarnos en el camarote que nos habían asignado, nos citan en la sala de reuniones, donde nos explican los entresijos de la prueba y nos dan toda la información para llevarla acabo: datos del recorrido y el terrible perfil de la primera etapa. Lo ponen muy negro, veo como todos los corredores salen contentos pero desconfían. En ese momento, recuerdo un pensamiento que tuve “si desconfían éstos, que son corredores profesionales...”. Nos fuimos a cenar a la cubierta del barco y rápidamente a la cama.
Primera etapa “Gran Canarias” Cañon del aguila – Teide
Etapa cronometrada 75 kilómetros.
Enlaces 40 kilómetros.
Total 115 kilómetros.
Etapa sobre terreno pedregoso, pistas de tierra y asfalto. Ascensión al pico de las nieves, a 1.600 metros sobre nivel del mar.
Me despierto pronto y voy a desayunar al comedor del barco, soy el único que viste ropa de calle, todos están con maillot y culotte, desayuno rápidamente y me dirijo a llenar mi Camelbag con diferentes brebajes.
Me dispongo a pasar la verificación de mi bici. Una Alpinestar de carbono, pintada en azul piscina. Es mi bici habitual, la cual la tengo montada por completo con un grupo Shimano XT con dos platos y con una horquilla rígida, un error que pagaría caro.
Ya en la salida y a falta de unos minutos para que dieran la salida, se me acerca un comisario de la carrera, el cual, me comunica que no puedo tomar la salida así, ¿así como? Le pregunté, vestía un maillot sin mangas y no era aceptado por la UCI. Bastante nervioso estaba ya, como para buscar en ese momento otro. Al final preguntando a varios corredores, me dejan uno y así puedo salir. Desde aquí agradezco el compañerismo, a ese corredor y decirle que guardo el maillot como recuerdo.
Salimos todos en una piña, debíamos de hacer un trayecto de 20 kilómetros neutralizado. Ese ritmo, que ellos decían “neutralizado”, para mi, ya era de carrera. Llegamos a la playa y desde allí, se efectuaría la salida, tipo Le mans: corredores a una distancia de sus bicis, los cuales irían corriendo a por ellas, todo un espectáculo.
120 corredores y una idea en común, llegar a tiempo. Como si de una prueba de atletismo se tratase, salimos como rayos. Decidí dar lo máximo en todo momento, lo inteligente hubiera sido seguir a uno de los muchos grupos que se iban formando a lo largo del recorrido. Mi inexperiencia en este tipo de pruebas, me hizo ir en muchos momentos solo y terminar totalmente agotado. En algunos de los tramos me desgasté en exceso y superé los fuertes desniveles, sin poder descansar por el duro perfil por donde nos hacían rodar. Por fin termino y llego a la meta cansado, muy cansado y con un desgaste excesivo.
Tenía en mis piernas un desnivel acumulado de 2000 metros y una subida de mas de 18 kilómetros; una ascensión que no se me olvidará jamás. Lo había pasado mal, y viendo lo poco que me había preparado para esta prueba, estaba más que contento y dispuesto para la siguiente. Tenia que llegar primero a barco, el cual zarparía a una hora. Una vez en él, ducha, paso por el masajista y la merecida cena.
En esta primera etapa se quedaron fuera de carrera 62 corredores, entre abandonos, averías y aquellos que no pudieron llegar en el tiempo impuesto.
Segunda etapa “Fuerteventura” Playa blanca – Corralejo.
Etapa cronometrada 105 kilómetros.
Enlaces 10 kilómetros.
Total 115 kilómetros.
Etapa de perfil llano sobre pistas rizadas de tierra con algún tramo de playa, el tiempo sería la mayor dificultad. Empieza el día, son las 7 de la mañana y ya estoy desayunando. Bajo a revisar mi bici y a preparar todo lo necesario para empezar lo que para mi ya era un triunfo, seguir en carrera.
Nada mas montarme en mi bici, siento que tengo un problema, siento un dolor no muy bueno en la zona donde toma contacto mi cuerpo con el sillín. Si, es mi trasero, tenía una herida producida por los kilómetros del día anterior. Ya poco se podía hacer, no le di la importancia que se merecía y tomé la salida sin mas. El ritmo os lo podéis imaginar: como motos. El terreno no tenía complicaciones en cuanto al desnivel, pero el fuerte viento que soplaba y los tramos de playa estaban haciendo que ésta etapa fuera un calvario.
En la primera mitad de ésta etapa pude ir con un grupo de corredores, en el que todos participaban haciendo relevos. El grupo se disgregó en los numerosos avituallamientos, sin darme cuenta continué sólo. Así fui hasta terminar la prueba. Entraba en tiempo y me sentía grande pero al mismo tiempo agotado. Entraba de los últimos, a falta de unos minutos para el cierre de meta, había terminado el calvario de hoy. Nos dirigimos a una playa donde acampamos para poder descansar y pensar en como afrontar lo que para mi empezaba a ser el infierno.
Recuerdo que en esta etapa tuve que realizar muchos kilómetros de pie, en cima de mi bici. Mi herida había pasado de ser pequeña a ser importante, pero ya tenia la mitad de mi aventura y más ganas que cuando empecé. En esta etapa se quedaron “time out” 10 corredores, ya sólo quedaban 52 y la organización nos decía que esto no había echo nada mas que empezar.
Tercera etapa Lanzarote “Playa del papagayo – los lajares
Etapa cronometrada 80 kilómetros.
Enlaces 5 kilómetros.
Total 85 kilómetros.
Etapa rompepiernas con perfiles irregulares y fuertes repechos iniciales. Terreno volcánico, muy pedregoso, todo un banco de tortura para las bicis.
Ya nada mas levantarme, noto una molestia impresionante en mi trasero. En ningún momento se me pasó por la cabeza la idea de retirarme. Tenía un notable cansancio acumulado, y por lo que me dicen, iba a ser un día glorioso: o sea mortal.
Se inicia la tercera prueba. Estar sentado en la bici es todo un infierno. Poco a poco me doy cuenta de que para mi éste sería el último día de carrera. Mi media (km/h) había bajado notablemente y el terreno no estaba a mi favor... repechos impresionantes. Mi bici provista de sólo dos platos: mediano y grande, me hizo pasar verdaderos momentos difíciles. Era el último de todos los corredores. El terreno que era de roca volcánica me impedía mantener una buena media, ya que no disponía de una suspensión delantera. A falta de 20 kilómetros y con un calor asfixiante, empiezo a sangrar por la nariz. Me imagino la imagen dantesca que estaba dando.
Era el último corredor y mis fosas nasales eran un grifo. No podía dejar de pedalear porque no llegaría a tiempo. Muy de cerca venia un 4x4 y la moto que cerraba carrera, la cual me informo de que a ese ritmo no llegaría dentro de el tiempo... la verdad que en ese momento era un trapo. Sin dejar de pedalear me tapé la nariz hasta que dejé de sangrar. Siendo consciente de los kilómetros que llevaba, los que me quedaban y la perdida de sangre que había tenido, eché la vista atrás y recuerdo cómo comparé a los vehículos que me precedían, con los buitres que esperan el momento en que su presa muestra síntomas de debilidad para iniciar su captura.
La mayoría de esta etapa la había realizado sin poder sentarme y así intenté finalizar. En ese momento pedalee como creo que nunca lo había hecho. Un impresionante paisaje, el cual no pude disfrutar y, a lo lejos, el arco de meta. A falta de un par de minutos consigo llegar. Fui en todo momento animado por el piloto de la moto que cerraba la carrera. A falta de pocos metros consigo pasar a un corredor y haciendo entrada en meta, con la cara ensangrentada, me tengo que arrodillar. No me mantenía en pie y vi cómo se acercaba una de las cámaras de televisión para inmortalizar el momento. Lloraba, no se si por el sufrimiento o de alegría. En ese momento, se acerca el motorista, se quita el casco y me da un abrazo felicitándome. No tuve palabras para agradecerle el apoyo moral que me dio.
No había terminado todo. Tenía que ir a un complejo deportivo llamado “La santa” , todo un lujo, después del infierno en el que había estado. Apenas podía caminar por culpa de la herida que tenia en el trasero. Necesitaba una buena cena y tiempo para descansar, mañana seria otro día de carrera y aunque en ningún momento me rondó la idea de abandonar, dudé de mi recuperación.
Cuarta etapa “La Graciosa”
Etapa cronometrada 15 kilómetros.
Enlaces 55 kilómetros.
Total 70 kilómetros.
Poco sabia de esta etapa. No podía perder ningún minuto, ya que mi estado físico no era pletórico y tenía que regularme si pretendía concluir la prueba. Desde el primer momento fui con los típicos síntomas de agotamiento: piernas cansadas y las subidas, se me hacían eternas. Perdí todo contacto con el tiempo que me queda y los kilómetros que faltan... estuve en todo momento pedaleando solo y varios corredores que llegaron en tiempo el día anterior, me comunicaron que se retiraban.
Tras bajarme en varias ocasiones de la bici, las cuales tuve que realizar en terreno llano, por el agotamiento que llevaba, decidí tomar varias de esas pastillas de glucosa que llevo en caso de emergencia.
Dichas pastillas fueron como gasolina súper, empecé a pedalear a un ritmo constante y pasé a varios corredores, los cuales reflejaban la imagen que yo tenía, momentos antes a la ingestión de glucosa.
Terminé una subida mortal, o así me lo pareció, y vi al fondo el puerto al que ya llegaba. Empecé un descenso suicida. Yo sin horquilla de suspensión y las pulsaciones por las nubes, se me iba a salir el corazón... vi una flecha que me indicaba “hacia el puerto” ya entrando en el puerto vi la publicidad de Red Bull, pero cual fue mi sorpresa, que lo que veo de fondo es el barco, ese en el que tenía que haber subido, para poder disputar la final... llegué con apenas 2 minutos de retraso. Se me saltaron las lagrimas y os aseguro que no era por el dolor de mi trasero, ni por el agotamiento que tenía, era por lo que había sufrido para llegar hasta allí.
Ya repuesto del disgusto, me cuentan cómo pocos minutos antes de llegar yo, lo hicieron varios corredores, los cuales saltaron al barco, cuando éste ya estaba separado del muelle; de película.
Para mi, había terminado la carrera y había sufrido como nunca. Sólo la acabaron 28 corredores, a los cuales felicito y admiro por su compañerismo, al igual que dar mi enhorabuena a la organización por darnos la oportunidad de pedalear por estos parajes...
Viendo la entrega de premios, sólo para los que lograron terminar, ya no me acordaba de lo mal que lo había pasado, en ese momento decidí repetir... pero mucho mas preparado. Deseaba llegar a Madrid, para poder contar a mis amigos la experiencia. Tenía un año para prepararme e intentar que me acompañaran en la próxima edición mis amigos...
Pedro Baltasar


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