La historia que paso a contaros nos sucedió, al querer regresar desde Santiago de Compostela, donde finalizo nuestro viaje en bicicleta, el Camino de Santiago.
Tras haber planeado realizar un pequeño viaje en el puente de mayo, decidimos realizar uno de los tramos finales del Camino de Santiago desde León.
Días antes y como es natural, empezamos con los preparativos, alforjas, trasportines, revisamos las bicis, lo necesario para que nuestro pequeño viaje fuera un éxito.
Cuando se realiza cualquier viaje, hay que tener en cuenta el regreso, horarios, la posibilidad de trasportar nuestro equipaje y por supuesto nuestras bicis, para ello te recomiendo que lo hagas en persona y te lleves toda la documentación por escrito para reducir confusiones.
Nosotros decidimos realizar el regreso en tren, deberíamos de coger un tren en Santiago de Compostela el cual nos llevaría a Lugo, donde lo dejaríamos y nos montaríamos en otro el cual nos llevaría a Madrid.
Como siempre solemos hacer, hicimos las consultas del trasporte de bicis y equipaje por teléfono a RENFE, quien nos comunico en repetidas ocasiones que no había ningún problema en trasporte y facturación de nuestras bicis.
Todo salía como se esperaba, finalizábamos nuestro viaje y en nuestras caras se reflejaba satisfacción, cansados y con ganas de llegara casa, nos disponíamos a realizar los preparativos para iniciar el regreso.
Recogemos nuestros billetes que habíamos reservado por teléfono y con antelación, advertimos a la persona que nos atiende de nuestro propósito, la subida de nuestras bicis al tren, nos informan de la hora de salida y de la situación del andén al que tenemos que dirigirnos.
Por los altavoces oímos la llamada de los viajeros informando de la subida a el tren que esperábamos, cual es nuestra sorpresa que al acercarse unos guardas de seguridad nos informan que en este tren no esta permitido la subida con bicicletas, por falta de tiempo hicimos poco caso o ninguno, ya que la salida era en breve y la perdida de este tren nos aria perder el otro que nos retrasaría un día el regreso a Madrid.
Ya en el tren y con el en movimiento, se acerca el revisor y cumpliendo con su trabajo nos pide nuestro billetes, el cual nos repite lo mismo que los guardas de seguridad.
Tras mantener una pequeña conversación con el revisor, explicándole nuestra situacion y de la información que nos dieron en ventanilla, decide continuar con sus obligaciones sin más. Llegamos a Lugo y nos disponíamos a realizar la misma operación que en la estación de Santiago de Compostela, subida al tren y la búsqueda de nuestros asientos.
Nos esperaban más de 7 horas de viaje y tras el susto de no poder regresar en el tiempo estimado, queríamos relajarnos... Estábamos en la búsqueda de nuestros asientos cuando se aproxima el revisor y nos comunica lo mismo, “en este tren no se pueden llevar bicis”... El nerviosismo era latente, le enseñamos los billetes y le explicamos que en ventanilla nos informaron de que no había ningún problema en el transporte de nuestras bicis.
Seguidamente éramos invitados a abandonar el tren, el revisor se negaba a dar la salida de el tren, el cual ya iba con retraso, nosotros no teníamos ninguna solución y como si de una protesta sindical se tratase, empezamos a pactar con el revisor una solución por la mala información que tuvimos, el cual lejos de intentar solucionar el problema, se hacia fuerte en su decisión.
La situación era dantesca, jefe de estación, revisor, policía nacional y guardas de seguridad en el andén y por otra parte nosotros en el interior del vagón, como si de terroristas se tratara, empezamos a negociar desde el vagón.
Por nuestra parte estaba claro, RENFE había dado una mala información y no se hacia responsable, no podíamos regresar de ningún otro modo, la situación era tensa, la policía no sabia como actuar, no tenían la información, el revisor no era conciso en sus argumentos sobre la normativa en estos casos y el tren llevaba un retraso de mas de 3 horas por culpa de la situación.
Vimos difícil solución, los demás usuarios a nuestro favor nos apoyaban. Tras mantener una conversación con la policía, decidimos abandonar esta situación, no sin mostrar nuestra total indignación.
Ya en el anden y no terminando de asimilar la derrota y la humillante expulsión del tren, donde estábamos atrincherados desde hacia 3 horas, se nos acerca una persona ajena a todo esto. Esta persona nos propone que el se hace cargo de enviarnos las bicis por trasporte urgente. No le conocíamos de nada, nuestras bicis…, no dudamos ni un momento, la respuesta fue rápida “de acuerdo” y en menos de 60 segundos estábamos otra vez en el vagón de donde habíamos sido expulsados.
Desde aquí mi agradecimiento a esa persona ajena que se presto desinteresadamente en ayudarnos. A los dos días tuvimos las bicis en Madrid.
Desde aquí os animo a que viajéis mas en bicicleta y que esto solo sea una pequeña anécdota, informaros bien de vuestros derechos y obligaciones en el trasporte de vuestras bicis... y a pedalear que son dos días.
Pedro Baltasar
Tras haber planeado realizar un pequeño viaje en el puente de mayo, decidimos realizar uno de los tramos finales del Camino de Santiago desde León.
Días antes y como es natural, empezamos con los preparativos, alforjas, trasportines, revisamos las bicis, lo necesario para que nuestro pequeño viaje fuera un éxito.
Cuando se realiza cualquier viaje, hay que tener en cuenta el regreso, horarios, la posibilidad de trasportar nuestro equipaje y por supuesto nuestras bicis, para ello te recomiendo que lo hagas en persona y te lleves toda la documentación por escrito para reducir confusiones.
Nosotros decidimos realizar el regreso en tren, deberíamos de coger un tren en Santiago de Compostela el cual nos llevaría a Lugo, donde lo dejaríamos y nos montaríamos en otro el cual nos llevaría a Madrid.
Como siempre solemos hacer, hicimos las consultas del trasporte de bicis y equipaje por teléfono a RENFE, quien nos comunico en repetidas ocasiones que no había ningún problema en trasporte y facturación de nuestras bicis.
Todo salía como se esperaba, finalizábamos nuestro viaje y en nuestras caras se reflejaba satisfacción, cansados y con ganas de llegara casa, nos disponíamos a realizar los preparativos para iniciar el regreso.
Recogemos nuestros billetes que habíamos reservado por teléfono y con antelación, advertimos a la persona que nos atiende de nuestro propósito, la subida de nuestras bicis al tren, nos informan de la hora de salida y de la situación del andén al que tenemos que dirigirnos.
Por los altavoces oímos la llamada de los viajeros informando de la subida a el tren que esperábamos, cual es nuestra sorpresa que al acercarse unos guardas de seguridad nos informan que en este tren no esta permitido la subida con bicicletas, por falta de tiempo hicimos poco caso o ninguno, ya que la salida era en breve y la perdida de este tren nos aria perder el otro que nos retrasaría un día el regreso a Madrid.
Ya en el tren y con el en movimiento, se acerca el revisor y cumpliendo con su trabajo nos pide nuestro billetes, el cual nos repite lo mismo que los guardas de seguridad.
Tras mantener una pequeña conversación con el revisor, explicándole nuestra situacion y de la información que nos dieron en ventanilla, decide continuar con sus obligaciones sin más. Llegamos a Lugo y nos disponíamos a realizar la misma operación que en la estación de Santiago de Compostela, subida al tren y la búsqueda de nuestros asientos.
Nos esperaban más de 7 horas de viaje y tras el susto de no poder regresar en el tiempo estimado, queríamos relajarnos... Estábamos en la búsqueda de nuestros asientos cuando se aproxima el revisor y nos comunica lo mismo, “en este tren no se pueden llevar bicis”... El nerviosismo era latente, le enseñamos los billetes y le explicamos que en ventanilla nos informaron de que no había ningún problema en el transporte de nuestras bicis.
Seguidamente éramos invitados a abandonar el tren, el revisor se negaba a dar la salida de el tren, el cual ya iba con retraso, nosotros no teníamos ninguna solución y como si de una protesta sindical se tratase, empezamos a pactar con el revisor una solución por la mala información que tuvimos, el cual lejos de intentar solucionar el problema, se hacia fuerte en su decisión.
La situación era dantesca, jefe de estación, revisor, policía nacional y guardas de seguridad en el andén y por otra parte nosotros en el interior del vagón, como si de terroristas se tratara, empezamos a negociar desde el vagón.
Por nuestra parte estaba claro, RENFE había dado una mala información y no se hacia responsable, no podíamos regresar de ningún otro modo, la situación era tensa, la policía no sabia como actuar, no tenían la información, el revisor no era conciso en sus argumentos sobre la normativa en estos casos y el tren llevaba un retraso de mas de 3 horas por culpa de la situación.
Vimos difícil solución, los demás usuarios a nuestro favor nos apoyaban. Tras mantener una conversación con la policía, decidimos abandonar esta situación, no sin mostrar nuestra total indignación.
Ya en el anden y no terminando de asimilar la derrota y la humillante expulsión del tren, donde estábamos atrincherados desde hacia 3 horas, se nos acerca una persona ajena a todo esto. Esta persona nos propone que el se hace cargo de enviarnos las bicis por trasporte urgente. No le conocíamos de nada, nuestras bicis…, no dudamos ni un momento, la respuesta fue rápida “de acuerdo” y en menos de 60 segundos estábamos otra vez en el vagón de donde habíamos sido expulsados.
Desde aquí mi agradecimiento a esa persona ajena que se presto desinteresadamente en ayudarnos. A los dos días tuvimos las bicis en Madrid.
Desde aquí os animo a que viajéis mas en bicicleta y que esto solo sea una pequeña anécdota, informaros bien de vuestros derechos y obligaciones en el trasporte de vuestras bicis... y a pedalear que son dos días.
Pedro Baltasar


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