Seguro que lo primero que te viene a la cabeza cuando te dicen 25 de diciembre es, navidad, turrón, comida en familia... muy lejos de esto, es lo que hicimos un 25 de diciembre.
El día anterior nos reunimos y comentamos si montaríamos en bici, la decisión general fue, “que eran fechas para estar en familia, bla, bla...” algunos nos resistíamos en estar la mañana de ese día sin pedalear y necesitábamos quemar los polvorones y dulces navideños.
La ruta elegida a realizar era por la zona de la Cabrera, zona muy técnica por sus senderos trieleros...
Ya en el inicio de la ruta y sin bajarnos de el coche, vimos que no paraba de llover, era impresionante la forma de caer agua, recuerdo como ni siquiera dudamos en salir, bajamos del coche y como si de un día de primavera se tratase, empezamos a vestirnos para la ocasión.
En menos de un minuto ya estábamos empapados, pero eso no era impedimento para realizar nuestra ruta, muchas veces pienso que es lo que nos hubiera echo retroceder, ¿un terremoto...? ¿un huracán...? está claro que la lluvia no.
Tras recorrer varios kilómetros con el agua por las ruedas, vemos que el nivel iba subiendo, nos mirábamos unos a otros y poco a poco nos vimos pedaleando con las manos dentro del agua... Las sonrisas se tornaron en incredulidad. La situación era para grabarla: 3 tíos pedaleando un 25 de diciembre, lloviendo a mares y con el agua por el ombligo.
No se cuanto estuvimos en esa situación ni cómo pudimos afrontarla, quizás duró 8 o 10 kilómetros. Finalmente entramos en un terreno donde podemos pedalear mejor y el ritmo empezó a ser como el de cualquier ruta, pasamos gran parte del recorrido rodando por zonas muy técnicas, donde se formaban pequeños ríos por la gran cantidad de agua que estaba cayendo.
Parece mentira que con la que estaba cayendo y cómo estaba el terreno, nos lo estábamos pasando en grande, tal era nuestro entusiasmo que en una de las bajadas que solemos hacer, no nos percatamos de que en la unión con la subida, se había formado un río.
Mi compañero Kike, que iba el primero, intentó pasar, tal era la fuerza y profundidad de dicho río, que lo tiró.
La bici era arrastrada por el agua, el era auxiliado por Javi, que se tiró al agua sin pensárselo. Yo no daba crédito, uno de mis compañeros casi se lo lleva la corriente y el otro como si fuese uno de los protagonistas de las serie de los vigilantes de la playa, saltó a su rescate...
Tras esos momentos todo eran risas y me di cuenta que no importaba el clima ni el terreno. Como he dicho en varias ocasiones, difícilmente exista un grupo de personas que se lo pase como nosotros en estas ocasiones tan extremas.
Este día será recordado por nosotros tres, un día extremo, por su dureza y climatología, recordado además por la fecha en que lo realizamos.
Pedro Baltasar
El día anterior nos reunimos y comentamos si montaríamos en bici, la decisión general fue, “que eran fechas para estar en familia, bla, bla...” algunos nos resistíamos en estar la mañana de ese día sin pedalear y necesitábamos quemar los polvorones y dulces navideños.
La ruta elegida a realizar era por la zona de la Cabrera, zona muy técnica por sus senderos trieleros...
Ya en el inicio de la ruta y sin bajarnos de el coche, vimos que no paraba de llover, era impresionante la forma de caer agua, recuerdo como ni siquiera dudamos en salir, bajamos del coche y como si de un día de primavera se tratase, empezamos a vestirnos para la ocasión.
En menos de un minuto ya estábamos empapados, pero eso no era impedimento para realizar nuestra ruta, muchas veces pienso que es lo que nos hubiera echo retroceder, ¿un terremoto...? ¿un huracán...? está claro que la lluvia no.
Tras recorrer varios kilómetros con el agua por las ruedas, vemos que el nivel iba subiendo, nos mirábamos unos a otros y poco a poco nos vimos pedaleando con las manos dentro del agua... Las sonrisas se tornaron en incredulidad. La situación era para grabarla: 3 tíos pedaleando un 25 de diciembre, lloviendo a mares y con el agua por el ombligo.
No se cuanto estuvimos en esa situación ni cómo pudimos afrontarla, quizás duró 8 o 10 kilómetros. Finalmente entramos en un terreno donde podemos pedalear mejor y el ritmo empezó a ser como el de cualquier ruta, pasamos gran parte del recorrido rodando por zonas muy técnicas, donde se formaban pequeños ríos por la gran cantidad de agua que estaba cayendo.
Parece mentira que con la que estaba cayendo y cómo estaba el terreno, nos lo estábamos pasando en grande, tal era nuestro entusiasmo que en una de las bajadas que solemos hacer, no nos percatamos de que en la unión con la subida, se había formado un río.
Mi compañero Kike, que iba el primero, intentó pasar, tal era la fuerza y profundidad de dicho río, que lo tiró.
La bici era arrastrada por el agua, el era auxiliado por Javi, que se tiró al agua sin pensárselo. Yo no daba crédito, uno de mis compañeros casi se lo lleva la corriente y el otro como si fuese uno de los protagonistas de las serie de los vigilantes de la playa, saltó a su rescate...
Tras esos momentos todo eran risas y me di cuenta que no importaba el clima ni el terreno. Como he dicho en varias ocasiones, difícilmente exista un grupo de personas que se lo pase como nosotros en estas ocasiones tan extremas.
Este día será recordado por nosotros tres, un día extremo, por su dureza y climatología, recordado además por la fecha en que lo realizamos.
Pedro Baltasar


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