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27/3/12

El mountain bike como el vino, mejora con el tiempo.

La denominación de origen, es una calificación que se emplea para proteger legalmente ciertos productos que se producen en una zona determinada, contra otros de otras zonas que quisieran aprovechar el buen nombre que han creado los originales, en un largo periodo de fabricación.
Esta denominación de origen, compromete a mantener la calidad lo más alta posible, como por ejemplo, en el caso del vino, que en ciertas zonas se exige utilizar la uva tradicional de la zona y por este tema, año tras año obtienen nuestra admiración.




Como en cualquier cata, las condiciones de la sala y el entorno influyen de manera decisiva ya que en un análisis realizado con nuestros sentidos, valoramos y agradecemos  los factores que no dificulten la degustación. En esta nueva cita, la segunda prueba de las Trek Wild Wolf Series, la sala estaba bien escogida, con un firme y una temperatura excelente y lo más importante, una afición y unos participantes dispuestos a disfrutar de 12 horas de puro mountain bike.

¿Cuantas veces hemos oído? "El vino se consume a temperatura ambiente" y ¿Que mejor ambiente que el que vivimos en Peñafiel?

Estábamos citados a las 11 de la mañana, hora a la que se daba el pistoletazo del inicio de una nueva batalla del Primer Open Nacional de Resistencia MTB, las Trek 12 Wild Wolf Series. No queríamos perdernos esta nueva cita y allí estábamos, en tierras de viñedos y corredores de mountain bike, algunos experimentados y otros no tanto, pero todos con el mismo fin, disfrutar de 12 horas del mejor mountain bike.


Nada mas llegar, notamos en el ambiente el característico olor de la lluvia, que de manera débil cayó durante la noche. Es algo que normalmente no debería de demandar nuestra atención, pero la escasea de lluvia en toda la península, nos hace apreciar a un mas este detalle.

Entre los 250 corredores, élite y aficionados, vimos varias caras conocidas, algunos de ellos llegados de distintos puntos de España, así como de Portugal, Francia y Andorra.

Con gran puntualidad, comenzamos. El reloj empieza su particular cuenta a tras y nosotros empezamos a sumar kilómetros. En este tipo de pruebas no tiene mucho sentido el como se empieza, si no como se termina y con esta premisa, iniciamos nuestra primera vuelta de reconocimiento.  Rápido, muy rápido, así se me presento el circuito y con esa misma rapidez empezamos a planificar nuestra estrategia.

El viento es un enemigo invisible, y pedalear contra el nos hace daño. Aun en terreno llano te hace ir despacio, y tienes la sensación de que deberías poder ir mas rápido, pero cada vez que lo intentas te vence de nuevo y esta lucha es algo que tenemos perdido antes de iniciarla. El viento nos atacaba y cada ráfaga es como un golpe que nos frena en seco y que llega a agotarnos sin darnos cuenta.



Nos marcamos una potencia que pudiéramos mantener a largo plazo y en varias de las ocasiones nos unimos a pequeños grupos que estaban luchando por la categoría de equipo de 4 componentes, aun así, se estaba convirtiendo en  una etapa que se presentaba sencilla en un autentico suplicio.  Teniamos dos opciones, seguir a corredores rápidos que nos estaban exprimiendo o realizar el circuito en una soledad que nos ralentizaría demasiado.

No optamos por la segunda, fuimos claramente obligados a ella ya que el seguir a los corredores que luchaban en otra categoría nos era imposible de seguir por mucho tiempo. El circuito era sencillo pero no por ello aburrido, ya que parte de el, bordeaba un pequeño pantano ofreciéndonos unas vistas espectaculares. 

El viento, el enemigo a batir.

Paciencia y más paciencia para tratar de no desmoralizarnos. Solo así lograríamos doblegar al enemigo, el viento. Subimos uno e incluso dos piñones en varias ocasiones, bajamos el ritmo hasta encontrar la cadencia en la que nos encontramos cómodos. No intentamos ir rápidos, si no permanecer encima de la bici el mayor tiempo posible sin desgastarnos en exceso.
Estábamos notando la deshidratación. El viento secaba el sudor y esto estaba haciendo que demandáramos mas liquido.
Pero el mejor truco de todos para combatir el viento es "hacer relevos", algo de lo que no hay que abusar y saber con quien y en que tiempo realizarlos. Ya que todos estábamos sufriendo el azote del viento, los relevos nos ayudarían. Es esencial crear una buena simbiosis con los demás corredores si te prestas a ir a relevos. Hay estudios que aseguran que el ahorro de energía rodando a 30 cm puede llegar a ser de casi un 38%., este disminuye a 32% si esta distancia aumenta a un metro y si nos distanciamos a dos metros, podemos llegar ahorrar un 24%.

Ya nos habíamos comido media jornada y tras mi paso por línea de meta, diviso a dos corredores a escasos 100 metros. Esta es mi ocasión, intento desesperadamente unirme a ellos y es cuando iniciamos una serie de relevos que nos hizo volar en algunos momentos.

Rápidamente y sin ningún dialogo, nos entendimos a la perfección. Éramos tres corredores y el ritmo que manteníamos haciendo relevos era muy superior al ir solo. Llegamos a la zona donde comenzamos a bordear el pantano, es llano y me pongo en cabeza, vamos pasando a participantes sin dificultad. El ritmo aumenta, echo la mirada a tras y cual es mi sorpresa, llevamos a mas de 10 corredores a nuestras ruedas, eso me motiva y aumentamos la velocidad, miro el cuenta kilómetros y estamos rodando por encima de los 35 K/h.

En varias ocasiones echo la mirada atrás invitando a que me hicieran un relevo, nadie se anima, el ritmo es demasiado fuerte y el grupo se esta disgregando. La puntilla nos llega en la primera subida, aqui no hay relevo que valga, cada uno sufre su pequeño calvario. Así trascurre el tiempo y llegando a boxxes, vemos como hay corredores que salen con el equipo de iluminación.

No hemos dejado de alimentarnos e hidratarnos en las paradas que hemos realizado, y tras una de estas paradas, me dispongo a realizar mi primera vuelta nocturna. La noche impresiona, me gusta y ver unas pequeñas lucecillas a lo lejos nos motiva e incluso nos anima a darles caza. El ambiente es impresionante, el paso por meta obliga a seguir.

Apenas nos faltan unas horas para llegar a nuestras 12 horas de puro mountain bike, cuando inicio otro paso por meta y vuelvo a coincidir con otro pequeño grupo de corredores. Me uno a ellos e iniciamos una vuelta tranquila que poco a poco se torna en una persecución, ya que eran los corredores que me precedían en la lista de clasificación. No puede ser, estamos rodando a la misma velocidad que en horas diurnas, volvemos a pasar por meta y ninguno reduce el ritmo o muestra intencion de parar. Ya nos hemos perdido el “respeto”, nos olvidamos de relevos y empezamos una lucha que nos hace rodar por encima de la lógica. En algunas curvas, la rueda delantera empieza a perder su adherencia y eso es un claro síntoma de la velocidad que llevábamos.

Perdiendo el control

Con este ritmo, iniciamos la bajada. En horas diurnas, la habíamos bajado a más de 65 kilómetros por hora. En esta ocasión voy situado el ultimo. Las luces que llevamos son buenas, pero no milagrosas ni hacen que nuestros frenos adquieran mas potencia. Mentalmente me digo a mi mismo “Vamos pasados de vueltas” y no pasan ni 10 segundos cuando delante de mi rueda se forma una bola de materia que se ve envuelta de una gran polvareda, donde las ludes apuntan sin sentido en todas direcciones.

“Se han caído”  No se por que pero lo veía venir. Me fue imposible esquivar o reducir la velocidad y entre a formar parte de esa bola de materia, la cual me mando a unos 6-7 metros al borde del sendero que llevábamos. Rápidamente volvemos a coger nuestras monturas y… ¿Dónde esta el acople derecho? No lo encontraba, la noche lo había camuflado y el impacto lo había arrancado y no solo el acople. El manillar a la altura donde es abrazado por el acople, se había seccionado. Los demás habían corrido la misma suerte, rasguños, arañazos y poco más.

Iniciamos la huida a meta, entramos a boxes y paramos un par de minutos. Valoramos los daños, uno de ellos decide no salir y yo a un con un leve dolor en la rodilla, me dispongo a continuar. Antes de salir, me quito del casco y cual es mi sorpresa que lo tengo dañado. Una pequeña fisura trasera llama mi atención, no me he dado cuenta y mi intención no es el retirarme. Apenas queda tiempo y hay que salir a dar las ultimas vueltas. “No, no, no” tras salir por meta, veo claro que no puedo continuar, la rodilla ha sufrido y la molestia a de mas de ir en aumento, puede dar origen a una lesión.

Lamentablemente para mí la carrera había terminado, estaba confuso por el agotamiento y las ganas de seguir no me dejaban pensar con claridad.

Lamente enormemente el no haber terminado mis 12 horas. Como recompensa, me llevo una jornada donde he disfrutado del mountain bike.

Empecé esta crónica con un símil al vino y de esta misma forma podemos terminarla. De nada sirve tener un buen vino a la mesa si por una mala acion rompemos la botella, desperdiciamos un buen vino y lo mas importante dejaremos de disfrutar de los años que han hecho que tomara cuerpo.

Pedro Baltasar |  TodoMTB.com

 
Una vez mas hemos pasado un buen fin de semana y como dijo Josechu Garay al comienzo del dia, quien a pie de circuito explicó que el espíritu de esta propuesta deportiva es que aquellos aficionados que practican de manera habitual este deporte, compartan esfuerzo y emociones con grandes campeones con una puesta en escena profesional. “Compartes con amigos un circuito balizado, donde además están corriendo campeones”, algunos “`top ten´ de la Copa del Mundo y algunos que pueden estar en Londres, en las Olimpiadas”.

El mountain bike como el vino, mejora con el tiempo. Reviewed by Administrador on 15:25 Rating: 5 La denominación de origen , es una calificación que se emplea para proteger legalmente ciertos productos que se producen en una zona determi...

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