Seguro que todos habéis sido invitados al compromiso matrimonial de algún conocido o familiar.
A principio del 2002, fui invitado a la boda de uno de mis compañeros de pedaladas, dicho compañero es Oliver. Tras cualquier invitación de este tipo de compromiso, te planteas la compra de un nuevo traje, el regalo a la pareja o si la fecha no coincide con otro compromiso de igual importancia... pero no, ese no era mi preocupación, había sido invitado a una boda que se llevaría acabo en la localidad de Nottingan, si, has leído bien, cerca del famoso bosque de Serbu.
No tuvo que insistir mucho y tras mostrarme su interés de que fuera testigo de su enlace, mi respuesta fue clara, iría.
Días mas tarde y con mapa en mano, decidí aprovechar la ocasión para realizar un viaje como a mi me gusta, sin muchos planes, sin saber donde termina el día y dejando el reloj de lado.
El fin mi viaje seria Nottingham, donde se alojaban la gran mayoría de invitados a la boda, de los cuales, aparte de los novios, solo conocía a Ricardo y Leonor, otro de mis compañeros de pedaladas y su novia.
Llega el día deseado y en compañía de mi bici, la cual prepare para dicho viaje, embarque en el aeropuerto de Barajas, mi primera duda era como afrontar la diferencia de idioma y... ¿llegaría a la hora prevista para no perderme el enlace?
Rápidamente tras aterrizar, me dispongo a prepararme para mi pequeña aventura y no pasan ni dos minutos cuando me doy cuenta que no estoy circulando correctamente, eso es lo que imagino, que querían decirme los demás conductores...
Mi primer día en Inglaterra, lo quise pasar conociendo esos lugares míticos de Londres, uno de esos lugares era el palacio de bakinjan, que tras ver una pequeña puerta, por la cual pase con mi bici, rápidamente se abalanzaron dos policías sobre mi, los cuales me retuvieron, por lo que deduje que no estaba bien lo que había hecho, me tuvieron mas de una hora hasta que me identifique y pude explicar que era turista...
Tras pedalear hasta las 3 de la mañana decidí que para ser el primer día, ya era bastante y era la hora de dormir, mi primera noche la pase durmiendo en un banco a la orilla de Thamesis, recuerdo como hacia frío y al no llevar saco de dormir ni manta para cubrirme, me metí en la bolsa que suelo usar, para el trasporte de mi bici.
No tarde en despertarme y a las 6 de la mañana ya estaba pedaleando, puse dirección a Nottingham.
Me quedaban casi 800 kilómetros y no sabia como era el terreno, pero mapa en mano y con mucha paciencia, iba acortando kilómetros... lo que mas me gustaba de lo que estaba haciendo, era que no tenia horario, si tenia hambre comía, cuando veía algo interesante no dudaba en inmortalizarlo con mi cámara de fotos y poco a poco me di cuenta que el idioma no era impedimento para relacionarme con la gente por donde pasaba, los cuales eran interrogados por mi, con las típicas preguntas de turista desorientado, kilómetros, sitios donde poder dormir etc...
Todos los kilómetros los intentaba realizar por caminos o carreteras secundarias, las cuales son usadas para la circulación entre poblaciones. Lo que mas me gusto de lo que iba viendo, eran sus pueblecitos, pequeños, muy cuidados y limpios.
La media que iba realizando eran de 180 kilómetros por día, me di cuenta que eran insuficientes y si no quería perderme la boda de Oliver, debería de aumentar el ritmo. Tras echar cuentas sobre el mapa que tenia y los kilómetros que me quedaban por recorrer, las cosas no estaba a mi favor.
Lo mire, una, dos y hasta diez veces, no tenia opciones, debía de recorrer mas de 400 kilómetros y solo disponía de un día... eran las 12 de la noche, realmente estaba cansado y la cosa empeoraba, empezaba a llover.
Descanse hasta las 5 de la mañana, hora a la que fui despertado por la apertura de la pastelería, donde a sus puertas, pude cobijarme de la lluvia y dormir un poco, no podía perder ni un minuto y tras ser invitado a un café por el dueño de la pastelería continué con mi viaje.
No le deseo a nadie el día que pase, con la incertidumbre de llegar a tiempo, la lluvia que me caía a ratos y los kilómetros acumulados, iba asimilando que no llegaría a tiempo.
Tras recorrer una de las grandes praderas, de las que se pueden ver en ese país, me tuve que detener, tenia un agotamiento considerable, aproveche el momento para verificar lo que me quedaba... mis cuentas daban 120 kilómetros y solo faltaban 3 horas para que anocheciera.
Gracias a la glucosa, que siempre llevo por lo que pueda pasar, recupere rápidamente la fuerza que me hacia falta.
Ya llegando y a falta de 30 kilómetros para entrar a Nottingham, empieza a caerme una tormenta de película, estaba motivado y por suerte el terreno era pendiente hacia abajo, rodaba a mas de 45 kilómetros por hora.
Por fin había llegado, decidí pedalear hasta el centro de la población, no lo podía creer, me cruzo por la calle con mi compañero Ricardo, que casualidad, después varios días sin hablar con una persona conocida y después del día que llevaba, no os podéis imaginar la alegría que me dio verle, subimos al hotel donde estaban alojados y allí estaba su novia Leonor, la cual dudaba de que llegara a tiempo.
Estaba agotado, había recorrido 390 kilómetros pero no podía quedarme allí, era la hora de ver a los futuros novios, los responsables en cierto modo de que estuviera allí.
En cierto modo les robe unos momentos de protagonismo, por que se dudaban de mi asistencia por haber elegido mi bici como medio de trasporte, cosa que fue bastante comentado por los demás invitados.
Nos llevaron a uno de los Pub mas antiguos del lugar, pero me tuve que retirar pronto para estar descansado y no perder detalle del enlace.
LA BODA:
Os aseguro que no tiene parecido alguno a cualquiera de las que he asistido, simplemente el trasporte hacia la iglesia era diferente, esta vez no era en mi bici, uno de esos típicos autobuses de dos plantas, color rojo... una iglesia impresionante y la llegada de la novia no iba a ser menos, el coche elegido para el momento era un rolroyce, buena elección, pero no estaba a la altura de Mónica, la novia, la cual lucia un impresionante vestido para la ocasión, estaba radiante.
La ceremonia fue algo mas larga de lo que solemos estar acostumbrados en España, pero en ningún momento se me hizo pesada, adornos florales, cánticos y la respuesta decisiva, “si quiero”, la verdad no se si lo pronunciaron en ingles o español...
Era la hora de lo que procede a todo compromiso, en eso no somos tan diferentes, la comida, para culminar el compromiso adquirido por los recién casados.
Llegamos a el lugar donde efectuaríamos dicho festín, todo lo que diga es poco, un palacio con una impresionante pradera verde, os aseguro que era exagerado, no me gustaría estar en la piel del jardinero el día que tocase cortar el césped.
Me imagino que las celebraciones por esos lugares son mas comedidas, eso es lo que deduje, tras ver los rostros que ponían los invitados no españoles, al ver como celebrábamos la unión de Oliver y Mónica... de eso tenia gran culpa Ricardo, animaría un funeral si se lo propusiese.
Estábamos contentos, yo por haber realizado ese viaje, haber asistido al enlace y por el vino con el que brindamos, una, dos y muchas mas veces... no se como pero nos iniciamos en un baile, me recordaba a esas películas de los años 20, orquesta con trompetas. Allí intente entablar conversación con varios de los invitados, pero ¿tanto habíamos bebido? Lo cierto es que me hablaban en ingles y tenia que deducir, lo que me intentaban comunicar.
Se porto todo el mundo de maravilla con migo... la mayoría de los invitados se marchaban al día siguiente, yo decidí quedarme un día mas y descansar.
En este viaje eche de menos, la compañía de alguno de mis compañero de pedaladas, pase muchas horas a solas, las cuales recuerdo en situaciones extremas, en las que tienes mucho tiempo en lo que pensar, familiares y amigos con los que te has distanciado, nuevos proyectos para el futuro, carencias que tienen ciertas personas y las comodidades a las que tenemos acceso...
Desde aquí mis mejores deseos para Oliver y Mónica, los cuales me invitaron a su compromiso y me dieron la oportunidad de conocer otros lugares. Que seáis muy felices.
Pedro Baltasar
A principio del 2002, fui invitado a la boda de uno de mis compañeros de pedaladas, dicho compañero es Oliver. Tras cualquier invitación de este tipo de compromiso, te planteas la compra de un nuevo traje, el regalo a la pareja o si la fecha no coincide con otro compromiso de igual importancia... pero no, ese no era mi preocupación, había sido invitado a una boda que se llevaría acabo en la localidad de Nottingan, si, has leído bien, cerca del famoso bosque de Serbu.
No tuvo que insistir mucho y tras mostrarme su interés de que fuera testigo de su enlace, mi respuesta fue clara, iría.
Días mas tarde y con mapa en mano, decidí aprovechar la ocasión para realizar un viaje como a mi me gusta, sin muchos planes, sin saber donde termina el día y dejando el reloj de lado.
El fin mi viaje seria Nottingham, donde se alojaban la gran mayoría de invitados a la boda, de los cuales, aparte de los novios, solo conocía a Ricardo y Leonor, otro de mis compañeros de pedaladas y su novia.
Llega el día deseado y en compañía de mi bici, la cual prepare para dicho viaje, embarque en el aeropuerto de Barajas, mi primera duda era como afrontar la diferencia de idioma y... ¿llegaría a la hora prevista para no perderme el enlace?
Rápidamente tras aterrizar, me dispongo a prepararme para mi pequeña aventura y no pasan ni dos minutos cuando me doy cuenta que no estoy circulando correctamente, eso es lo que imagino, que querían decirme los demás conductores...
Mi primer día en Inglaterra, lo quise pasar conociendo esos lugares míticos de Londres, uno de esos lugares era el palacio de bakinjan, que tras ver una pequeña puerta, por la cual pase con mi bici, rápidamente se abalanzaron dos policías sobre mi, los cuales me retuvieron, por lo que deduje que no estaba bien lo que había hecho, me tuvieron mas de una hora hasta que me identifique y pude explicar que era turista...
Tras pedalear hasta las 3 de la mañana decidí que para ser el primer día, ya era bastante y era la hora de dormir, mi primera noche la pase durmiendo en un banco a la orilla de Thamesis, recuerdo como hacia frío y al no llevar saco de dormir ni manta para cubrirme, me metí en la bolsa que suelo usar, para el trasporte de mi bici.
No tarde en despertarme y a las 6 de la mañana ya estaba pedaleando, puse dirección a Nottingham.
Me quedaban casi 800 kilómetros y no sabia como era el terreno, pero mapa en mano y con mucha paciencia, iba acortando kilómetros... lo que mas me gustaba de lo que estaba haciendo, era que no tenia horario, si tenia hambre comía, cuando veía algo interesante no dudaba en inmortalizarlo con mi cámara de fotos y poco a poco me di cuenta que el idioma no era impedimento para relacionarme con la gente por donde pasaba, los cuales eran interrogados por mi, con las típicas preguntas de turista desorientado, kilómetros, sitios donde poder dormir etc...
Todos los kilómetros los intentaba realizar por caminos o carreteras secundarias, las cuales son usadas para la circulación entre poblaciones. Lo que mas me gusto de lo que iba viendo, eran sus pueblecitos, pequeños, muy cuidados y limpios.
La media que iba realizando eran de 180 kilómetros por día, me di cuenta que eran insuficientes y si no quería perderme la boda de Oliver, debería de aumentar el ritmo. Tras echar cuentas sobre el mapa que tenia y los kilómetros que me quedaban por recorrer, las cosas no estaba a mi favor.
Lo mire, una, dos y hasta diez veces, no tenia opciones, debía de recorrer mas de 400 kilómetros y solo disponía de un día... eran las 12 de la noche, realmente estaba cansado y la cosa empeoraba, empezaba a llover.
Descanse hasta las 5 de la mañana, hora a la que fui despertado por la apertura de la pastelería, donde a sus puertas, pude cobijarme de la lluvia y dormir un poco, no podía perder ni un minuto y tras ser invitado a un café por el dueño de la pastelería continué con mi viaje.
No le deseo a nadie el día que pase, con la incertidumbre de llegar a tiempo, la lluvia que me caía a ratos y los kilómetros acumulados, iba asimilando que no llegaría a tiempo.
Tras recorrer una de las grandes praderas, de las que se pueden ver en ese país, me tuve que detener, tenia un agotamiento considerable, aproveche el momento para verificar lo que me quedaba... mis cuentas daban 120 kilómetros y solo faltaban 3 horas para que anocheciera.
Gracias a la glucosa, que siempre llevo por lo que pueda pasar, recupere rápidamente la fuerza que me hacia falta.
Ya llegando y a falta de 30 kilómetros para entrar a Nottingham, empieza a caerme una tormenta de película, estaba motivado y por suerte el terreno era pendiente hacia abajo, rodaba a mas de 45 kilómetros por hora.
Por fin había llegado, decidí pedalear hasta el centro de la población, no lo podía creer, me cruzo por la calle con mi compañero Ricardo, que casualidad, después varios días sin hablar con una persona conocida y después del día que llevaba, no os podéis imaginar la alegría que me dio verle, subimos al hotel donde estaban alojados y allí estaba su novia Leonor, la cual dudaba de que llegara a tiempo.
Estaba agotado, había recorrido 390 kilómetros pero no podía quedarme allí, era la hora de ver a los futuros novios, los responsables en cierto modo de que estuviera allí.
En cierto modo les robe unos momentos de protagonismo, por que se dudaban de mi asistencia por haber elegido mi bici como medio de trasporte, cosa que fue bastante comentado por los demás invitados.
Nos llevaron a uno de los Pub mas antiguos del lugar, pero me tuve que retirar pronto para estar descansado y no perder detalle del enlace.
LA BODA:
Os aseguro que no tiene parecido alguno a cualquiera de las que he asistido, simplemente el trasporte hacia la iglesia era diferente, esta vez no era en mi bici, uno de esos típicos autobuses de dos plantas, color rojo... una iglesia impresionante y la llegada de la novia no iba a ser menos, el coche elegido para el momento era un rolroyce, buena elección, pero no estaba a la altura de Mónica, la novia, la cual lucia un impresionante vestido para la ocasión, estaba radiante.
La ceremonia fue algo mas larga de lo que solemos estar acostumbrados en España, pero en ningún momento se me hizo pesada, adornos florales, cánticos y la respuesta decisiva, “si quiero”, la verdad no se si lo pronunciaron en ingles o español...
Era la hora de lo que procede a todo compromiso, en eso no somos tan diferentes, la comida, para culminar el compromiso adquirido por los recién casados.
Llegamos a el lugar donde efectuaríamos dicho festín, todo lo que diga es poco, un palacio con una impresionante pradera verde, os aseguro que era exagerado, no me gustaría estar en la piel del jardinero el día que tocase cortar el césped.
Me imagino que las celebraciones por esos lugares son mas comedidas, eso es lo que deduje, tras ver los rostros que ponían los invitados no españoles, al ver como celebrábamos la unión de Oliver y Mónica... de eso tenia gran culpa Ricardo, animaría un funeral si se lo propusiese.
Estábamos contentos, yo por haber realizado ese viaje, haber asistido al enlace y por el vino con el que brindamos, una, dos y muchas mas veces... no se como pero nos iniciamos en un baile, me recordaba a esas películas de los años 20, orquesta con trompetas. Allí intente entablar conversación con varios de los invitados, pero ¿tanto habíamos bebido? Lo cierto es que me hablaban en ingles y tenia que deducir, lo que me intentaban comunicar.
Se porto todo el mundo de maravilla con migo... la mayoría de los invitados se marchaban al día siguiente, yo decidí quedarme un día mas y descansar.
En este viaje eche de menos, la compañía de alguno de mis compañero de pedaladas, pase muchas horas a solas, las cuales recuerdo en situaciones extremas, en las que tienes mucho tiempo en lo que pensar, familiares y amigos con los que te has distanciado, nuevos proyectos para el futuro, carencias que tienen ciertas personas y las comodidades a las que tenemos acceso...
Desde aquí mis mejores deseos para Oliver y Mónica, los cuales me invitaron a su compromiso y me dieron la oportunidad de conocer otros lugares. Que seáis muy felices.
Pedro Baltasar


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