El titulo define a la perfección lo
que ha sido la 11 edición de la Hero MTB Himalaya que salió
de Shimla en India el 27 de Septiembre. La aventura
comenzaba en Madrid 3 días antes pasando por Dubái donde me
encontré con mis compañeros de aventura que venían de Barcelona para llegar
juntos a Delhi. Una vez en Delhi nos esperaba un viaje de
más de 12 horas en taxi hasta Shimla en el que incluso tuvimos la
mala suerte de sufrir un accidente porque el conductor se durmió y frenó contra
el coche de adelante en una rotonda, lo mismo que hizo el que iba
detrás nuestro, no hubo grandes consecuencias además de los pequeños golpes y
la demora en el viaje.
En lo deportivo, sí , porque además de una aventura era una carrera, el nivel era bastante alto, llevándose la prueba Luis Leao Pinto , segundo Andy Seewald y tercero nuestro compañero de expedición Pau Zamora, todos con un extenso palmarés. En féminas ganó Catherine Williamson , seguida por Ilda Pereira y Laxmi Magar, también con un palmarés increíble, pódiums en Cape Epic y Top 15 de la UCI. En masters se llevó la victoria un viejo conocido de los que siguieran el ciclismo en los 80, el mítico Reimund Dietzen quien sigue manteniendo su golpe de pedal característico y quien ahora además corre el campeonato Alemán de ciclo-cross.
Ya en Shimla nos dimos cuenta de
que nuestro primer hotel estaba a 2200 metros de altitud, montamos las
bicicletas y fuimos a dar el primer paseo/toma de contacto en el que pudimos
apreciar las diferencias y peculiaridad del lugar, no
importa cuantas veces hayas viajado a la India siempre te sorprende.
Por la tarde verificaciones en el hotel proporcionado por la
organización, briefing y cena para todos los participantes, sería
nuestra última noche en hotel durante una semana, al día siguiente empezaba la
carrera.
La carrera estaba dividida en 7 etapas más
una jornada de descanso que se situaba entre las etapas 3 y 4 después de la que
debía ser la etapa reina. Sin entrar en cada una de las etapas todas
variaban entre los 90 y 110 kms de recorrido aproximado y los 2000 y
3000 metros de ascenso acumulado, y casi siempre por encima de los 2000 metros
de altitud. El recorrido de las etapas era mayoritariamente pista,
con superficies variadas, tierra compacta, piedra suelta, empedrado, y algunos
pequeños tramos de sendero que hicieron las delicias de los más técnicos y que
solían corresponder con parajes de inmensa belleza. También había
algunos tramos de enlace por carretera.
Todas las etapas tenían alguna pequeña/gran
sorpresa, llevándose la palma para mi gusto las etapas con final en
alto, como la 3, 6 y 7 , en la tercera se trataba de una ascenso de más de 8
kilómetros por un empedrado infernal con porcentajes sostenidos del 15% para
arriba, todo esto con casi 100kms y más de 2000 metros en las piernas y a 2000
metros de altitud. La sexta era otro ascenso de características
parecidas pero por suerte más corto y con mejor superficie, mientras
que en la última etapa el último ascenso era de 1800 metros de desnivel
ininterrumpidos subiendo de los 600 metros a los 2400 metros del tirón en un
solo ascenso en 15 kilómetros sin casi descansos, nada de un paseíto
para el último día.
Otros días como la etapa 5 la sorpresa era
subir el famoso Jalori Pass, cima que sitúa sobre los 3200 metros
después de 4 kilómetros de ascensión con rampas de 15-20% y con
muchos metros acumulados en las piernas, seguido de un tortuoso descenso en el
que ya no sabías ni como agarrar el manillar para terminar en lo que la
organización había llamado un ascenso gradual de 12 kilómetros, traducido al
castellano, un señor puerto, y unos kilómetros de llano, cosa que no existe en
aquellos parajes y llaman llano a bajar un kilómetro y subir el siguiente, la
verdad es que sacando la media sale un llano.
La dureza de la carrera no solo marcada por
las subidas, también radicaba en los descensos, pedregosos y con terreno suelto
muchos de ellos que no servía para recuperar y que añadían cansancio al cuerpo.
En las etapas había entre 3 y 4 avituallamientos con agua, sobres de sales,
plátanos, galletas, huevos cocidos y patatas cocidas, no sé si me olvido algo,
pero eran bastante completos y con los voluntarios siempre dispuestos
ayudar y algunos puntos de asistencia técnica en la ruta.
El verdadero punto fuerte de la ruta diseñada
era sin duda la belleza de los parajes y paisajes, ya que se atravesaban
bosques interminables con inmensos árboles, tremendos cortados bordeando la
ruta y una vista que no me quito de la cabeza, allá al fondo los
grandes Himalaya nevados, grandes paredes blancas de 6000/7000 metros
de altura que vigilaban desde allá arriba nuestro transcurrir, los paisajes y a
naturaleza son sin duda uno de los puntos fuertes de esta
carrera. Baste reseñar que cuando llevaban a un compañero que se
había hecho daño desde un campamento al pueblo más cercano mientras el coche
iba por el mismo recorrido por el que habíamos pasado nosotros hacía un par de
horas vieron como un leopardo se comía una vaca en el medio de la carretera,
momento que quedó inmortalizado, y es que en el Himalaya estamos hablando de
naturaleza en estado puro y bastante intacta.
La carrera transcurre por pistas abierta al
tráfico, cosa a tener en cuenta, la bicicleta no parece ser
un vehículo que sea demasiado considerado sobre todo
cuando es un camión o un autobús el que te encuentras de frente en una curva
cerrada, hay que buscar rápidamente un hueco en la cuneta IZQUIERDA y
apartarse. Remarco lo de izquierda ya que por la izquierda se conduce en la
India, y cuando estás en una situación de peligro el instinto te hace ir a la
derecha, exactamente el mismo punto al que se
dirige quien viene de frente, creando un pequeño problema . Además de
camiones, coches y motos, las vacas son otro de los elementos que amenizan los
descensos y que pueden estar paradas o en manadas a la salida de cualquier
curva, ya que al ser sagradas se las deja a su aire, y también hemos pasado por
algunas manadas de monos, los cuales creo quisieron quitar un plátano a
uno de nuestros compañeros…
El paso por los pueblos y escuelas era algo
que animaba mucho y ver como los niños del pueblo te ofrecían manzanas (el
cultivo predominante) según pasabas y su ilusión por decirte Hola mientras te
deseaban la mejor suerte era algo de agradecer, mientras se tiene un sentido de
cómo viven en lo alto de las montañas.
El alojamiento era en campamentos en los que
en la inscripción se puede elegir entre tienda doble o individual, y
la organización te provee de saco de dormir y colchón hinchable (ya hinchado)
cada día, con sistemas bastante inteligentes para las duchas y aseos. Para las
duchas había un grupo de chavales nepalís que calentaban grandes
perolas y te daban agua templada en un gran cubo que te llevaban a
una tienda ducha individual y que tú con una jarra te
echabas por encima, mientras que los aseos también en tiendas individuales eran
tazas turcas con desagüe a una fosa común.
Capítulo aparte merece la comida, donde
además de contar siempre con pasta más o menos europeizada y arroz
blanco, la comida hindú estaba presente y he de decir que era comida
muy buena y por lo que yo se no hubo ningún problema de estómago como
suele haber en estas carreras por la comida y entre comida y comida siempre
había snacks a nuestra disposición junto con el consabido chai o te con
especias llamado chai que ayudaba a entonar el cuerpo en las frías noches
de montaña.
En total éramos unos 90
participantes, más asistencias acompañantes etcétera, un tamaño
bastante contenido que permitía que nos conociéramos todos y que
llegásemos a convivir día a día entre todos y a hacer amistades,
sin importar el país o el nivel ya que había algunos pros
entre nosotros que destacaron por su sencillez y buen hacer
siempre tratando de ayudar y dar consejos integrándose en la vida del
campamento.
En lo deportivo, sí , porque además de una aventura era una carrera, el nivel era bastante alto, llevándose la prueba Luis Leao Pinto , segundo Andy Seewald y tercero nuestro compañero de expedición Pau Zamora, todos con un extenso palmarés. En féminas ganó Catherine Williamson , seguida por Ilda Pereira y Laxmi Magar, también con un palmarés increíble, pódiums en Cape Epic y Top 15 de la UCI. En masters se llevó la victoria un viejo conocido de los que siguieran el ciclismo en los 80, el mítico Reimund Dietzen quien sigue manteniendo su golpe de pedal característico y quien ahora además corre el campeonato Alemán de ciclo-cross.
Por todo lo contado aquí y como he dicho, no
se trata solo de una carrera si no más bien de una experiencia, de
una aventura en la cordillera más alta de la tierra que a nadie deja
indiferente y de la que vuelvo con un montón de recuerdos y buenos
amigos.







