La Semana Santa de las dos ruedas puso ayer su punto y final en Sant Antoni dejando muy buen sabor de boca a todos los participantes, tanto locales como foráneos. La belleza del paisaje ha cautivado a los muchos corredores peninsulares, en su mayoría catalanes y valencianos, y extranjeros que tomaron la salida de la Vuelta Cicloturista el pasado sábado en Vara de Rey. El correr junto a Alejandro Valverde ha motivado a los mejores ´bikers´ locales. En definitiva, sin que cayese una gota, llovió al gusto de todos.
Con el Domingo de Resurrección, las ´procesiones´ cicloturistas tocaron a su fin con la última etapa de la undécima Vuelta a Eivissa en BTT. Tras unir Sant Antoni con Santa Eulària en un plácido primer día y recorrer todo el Norte insular en una segunda jornada de competición, la tercera de las etapas de la ronda ibicenca puso el broche ayer de oro a la edición de 2011 con una multitudinaria llegada a la Villa de Portmany a mediodía.
Más pendientes del cielo que del suelo, los 876 participantes de la marcha tomaron la salida ayer en el Passeig de ses Fonts pasadas las diez de la mañana. Tras un primer tramo neutralizado por la bahía sanantoniense, los corredores, a los que se les fueron uniendo más ciclistas de manera espontánea, avivaron el ritmo en la zona de Cala de Bou, ya en el municipio de Sant Josep.
Sin que el chaparrón comenzara, el pelotón se fue fragmentando al afrontar la sinuosa orografía de Benimussa, área en la que la carrera alternó estrechos caminos asfaltados con algún sector de tierra y piedra, donde se podían apreciar los restos de la lluvia caída en la madrugada del sábado al domingo. Manchados de barro, como no podía ser de otra manera, aparecieron las primeras unidades en el avituallamiento, que a última hora cambió su ubicación original en Can Misses por los aledaños del Cementerio Nuevo de Vila.
En el momento de recuperar fuerzas, los organizadores ya se dieron cuenta de que el ritmo de carrera era mucho más alto de lo previsto. Parecía que el chip competitivo que muchos ciclistas se implantaron el sábado para afrontar ´Los 88 de Mammoth´ todavía seguía funcionando debajo de los cascos.
Mientras daban cuenta de las numerosas barritas energéticas, piezas de frutas y bebidas isotónicas que los voluntarios les ofrecían, muchos participantes señalaban «lo bonito» que sería participar en una carrera por etapas en la isla en un futuro próximo. «Nosotros ganamos la categoría mixta. Fue una gran experiencia. Al ser una isla, pensábamos que Eivissa no podía tener grandes desniveles, pero nos equivocamos», confesaba Xavi Roca, un corredor proveniente de Terrassa que compitió en la dura prueba por equipos con su pareja Txell Giménez.
Quizás por el ansia de competición o por el amor a los desafíos, a nadie se le ocurrió quejarse cuando el todoterreno que abría la comitiva se desvió por un camino y ´obligó´ a los primeros integrantes del grupo cabecero a adentrarse por el torrent d´en Canyes en dirección a la cantera.
Los más fuertes se emplearon a fondo, ya que en apenas cinco minutos ya habían recorrido todo el viaje señalizado a través del cauce seco, un firme poco ciclable y que demandaba echarse la bici al hombro para poder avanzar.
Último descenso hasta la costa
Superada esta dificultad, solamente quedaba superar las últimas rampas de la zona de es Fornàs para encarar el definitivo descenso hasta Portmany. El carácter popular y festivo de la marcha cicloturista quedó más que demostrado en la llegada.
El grueso del pelotón decidió llegar apiñado, reuniendo a casi un millar de bicicletas en el Paseo Marítimo de Sant Antoni. Era el cierre perfecto para tres días de descubrir la Eivissa más auténtica.
Más pendientes del cielo que del suelo, los 876 participantes de la marcha tomaron la salida ayer en el Passeig de ses Fonts pasadas las diez de la mañana. Tras un primer tramo neutralizado por la bahía sanantoniense, los corredores, a los que se les fueron uniendo más ciclistas de manera espontánea, avivaron el ritmo en la zona de Cala de Bou, ya en el municipio de Sant Josep.
Sin que el chaparrón comenzara, el pelotón se fue fragmentando al afrontar la sinuosa orografía de Benimussa, área en la que la carrera alternó estrechos caminos asfaltados con algún sector de tierra y piedra, donde se podían apreciar los restos de la lluvia caída en la madrugada del sábado al domingo. Manchados de barro, como no podía ser de otra manera, aparecieron las primeras unidades en el avituallamiento, que a última hora cambió su ubicación original en Can Misses por los aledaños del Cementerio Nuevo de Vila.
En el momento de recuperar fuerzas, los organizadores ya se dieron cuenta de que el ritmo de carrera era mucho más alto de lo previsto. Parecía que el chip competitivo que muchos ciclistas se implantaron el sábado para afrontar ´Los 88 de Mammoth´ todavía seguía funcionando debajo de los cascos.
Mientras daban cuenta de las numerosas barritas energéticas, piezas de frutas y bebidas isotónicas que los voluntarios les ofrecían, muchos participantes señalaban «lo bonito» que sería participar en una carrera por etapas en la isla en un futuro próximo. «Nosotros ganamos la categoría mixta. Fue una gran experiencia. Al ser una isla, pensábamos que Eivissa no podía tener grandes desniveles, pero nos equivocamos», confesaba Xavi Roca, un corredor proveniente de Terrassa que compitió en la dura prueba por equipos con su pareja Txell Giménez.
Quizás por el ansia de competición o por el amor a los desafíos, a nadie se le ocurrió quejarse cuando el todoterreno que abría la comitiva se desvió por un camino y ´obligó´ a los primeros integrantes del grupo cabecero a adentrarse por el torrent d´en Canyes en dirección a la cantera.
Los más fuertes se emplearon a fondo, ya que en apenas cinco minutos ya habían recorrido todo el viaje señalizado a través del cauce seco, un firme poco ciclable y que demandaba echarse la bici al hombro para poder avanzar.
Último descenso hasta la costa
Superada esta dificultad, solamente quedaba superar las últimas rampas de la zona de es Fornàs para encarar el definitivo descenso hasta Portmany. El carácter popular y festivo de la marcha cicloturista quedó más que demostrado en la llegada.
El grueso del pelotón decidió llegar apiñado, reuniendo a casi un millar de bicicletas en el Paseo Marítimo de Sant Antoni. Era el cierre perfecto para tres días de descubrir la Eivissa más auténtica.


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