728x90 AdSpace

http://www.bicitech.es
Ultima Hora

Ads[none]

7/3/11

Pedales de lava "Episodio Nº 5"

Todo lo bueno se acaba, aquí os dejamos el quinto y ultimo episodio de “Pedales de lava”

Esperamos que hayáis disfrutado de las crónicas de nuestro amigo Luis Chorques. Desde la redacción de TodoMTB.com le damos ánimos para que su recuperación sea rápida para que pronto este dando pedales y deleitándonos con sus crónicas.

Playa Blanca – Puerto del Carmen (5ª etapa).

Última etapa, desayuno relajado pero completo. Sólo treinta y cinco kilómetros nos separaban de la meta y de nuestro ansiado maillot de “Pedales de Lava”. Viendo el perfil de la ruta no podíamos confiarnos. Nos esperaban setecientos metros de desnivel acumulado, en una franja en la que la altura máxima era de ciento ochenta y pocos metros, era un auténtico “rompe-piernas”. No había ningún tramo en el que se pudiese descansar rodando.  Nuevamente la ruta nos guardaba sorpresas, en Pedales de Lava, nada era lo que parecía, todo era más duro de lo que a primera vista podía preverse. Jamás hubiésemos imaginado que los famosos “Ajaches” fuesen tan peculiares y tan agrestes.


P1010348


A modo de calentamiento, fuimos rodando por el paseo marítimo de Playa Blanca, disfrutando de las vistas que nos ofrecía Puerto Rubicón. Tenía los astilleros llenos de naves en reparación y colgando de sus grúas. A continuación nos encontramos con el Castillo de las Coloradas o Torre del Águila. Esta construcción fue construida con el fin de defender la isla, pues escasamente setenta millas náuticas separan la ínsula del continente africano, desde donde llegaban toda clase de piratas y pseudo conquistadores. Sergio escogió ese lugar para rodar unos planos y hacer unas cuantas fotografías a la línea de costa, pues las Playas de Papagayo no pasaban desapercibidas. Esas  joyas de la naturaleza inundaban la vista de todo aquel que las contemplase.  Ordenadamente bajo la atenta mirada y dirección de nuestro periodista, fuimos bajando por unos senderos y subiendo pequeñas cuestas como si por las jorobas de un camello fuésemos deslizándonos. La  secuencia tuvo que ser buena, no hubo que repetirla. Sergio nos contó un poco lo que había grabado y tras ese leve rato de recreo cinematográfico, continuamos por una curiosa pista. Una pista de tierra en la que había que pagar para transitar por ella con vehículos a motor. Que cosa tan rara. Menos mal que nuestra fuente de energía era totalmente ajena a los hidrocarburos y no tuvimos que pagar peaje alguno.


P1010357


Dejábamos a nuestra derecha las maravillosas y paradisíacas playas de Papagayo. Conjunto de perlas ensartadas en aquel mundo magmático, cubiertas con el manto de sus rubias arenas que junto al azul verdoso del océano parecían obra de César Manrique. Era un espectáculo poder contemplarlas desde el altozano en el que nos encontrábamos. Aquellas perlas eran: “Playa Mujeres, del Pozo, de Papagayo, de La Cera, Puerto Muelas y Caleta del Congrio”. Por la segunda de ellas llegó al archipiélago Jean de Bethencourt capitaneando una flota franco normanda al servicio de la Corona de  Castilla, dando origen al primer asentamiento europeo, llamado San Marcial de Rubicón.
Lejos de la  embaucadora influencia de aquellas playas, nuestro camino se asemejaba a un dragón  chino, interminable y con curvas que describían los más diabólicos peraltes. Un macho cabrío nos marcó su territorio y su rebaño, alzando su hermosa y majestuosa cornamenta sobre nuestras cabezas. Para que el espectáculo no cesara, una pareja de Guirres (Neophron percnopterus percnopterus) o alimoches, descendió desde lo alto de un cerro para volar a escasos metros de nosotros y tras habernos observado con detenimiento, fueron alzando el vuelo en círculos hasta que se convirtieron en dos puntitos negros sobre el azul del cielo. Los comentarios fueron de lo más excitantes, pues contemplar a aquellas dos criaturas era algo bastante raro y excepcional.


P1010371


Acabado el mundo de los rumiantes y de los carroñeros, llegó el mundo de las trialeras. Había que subir por cuestas destrozadas y llenas de lascas de piedra sueltas, que obligaban a sacar el arsenal oculto en nuestros gemelos. Los alientos se revolucionaban por segundos, apenas habíamos bajado la guardia, una bajada larga y de firme en muy mal estado nos devolvió los ánimos. Sergio no pudo resistir la tentación de grabarnos para dejar constancia de aquellos quiebros y derrapajes. Antes de separarnos de nuestro cicerone y sus representados, hubo que subir una larga cuesta en la que tuve que dejar patente quien mandaba en aquella calurosa mañana de octubre. Haciendo un guiño a mi plato mediano opté por apartarme del camino y subir aquella rampa por la zona pedregosa y agrietada. Maxi tuvo que sujetarse el bisoñé, sólo notó que una centella le atropellaba por su izquierda. Una vez arriba mis piernas me lo agradecieron, necesitaban un poco de la droga que más les gusta y sin la que no pueden vivir.
Tras una nueva serie de subidas difíciles y técnicas nos fuimos separando del trío y nuestro camino nos llevó a nuevas experiencias. Hubo que bajar costarrones en los que los frenos se calentaban y en los que un mínimo derrapaje nos hubiera significado una caída aparatosa y tal vez peligrosa. Había que estar muy atento a las señales que nos íbamos encontrado por el camino.



P1010379


Si la cosa iba lenta debido al mal estado del camino, al llegar a un barranco las ruedas se nos clavaron en la gravilla. Tardamos más de lo imaginable en franquear aquellos cientos de metros. A la derecha una señal nos obligó a girar y nuevamente nos tropezamos con otra subida de desnivel angustioso y con una exigencia técnica no apta para principiantes. Al retorcer todas aquellas curvas, tanto Dani como yo íbamos bañados en sudor, rebozados de una crujiente capa de polvillo negro que no había forma de perderlo de vista. Esas cuestas nos gustaban mucho, eran los momentos en los que más estábamos disfrutando, pues para ambos era un reto subir aquellos monstruos y poder clavarles las calas de nuestras botas en la cima, dejando patente que habían sido conquistados a la fuerza y sin miramientos. Así fuimos alternando barrancos atenazantes y trialeras en ambos sentidos, hasta llegar a la costa. Una preciosa cala ajardinada y con unas cuevecillas nos refrescaba las caras con su brisa.



P1010380


Para colmo de males, si el camino hasta ese punto había sido lento y tedioso, ahora tocaba echarse las bicicletas a los riñones y subir un zigzag de piedra para poder continuar dirección a la playa del pozo. Aquello no tenía fin, cada curva era un lamento. El sudor era un hilillo que chorreaba por mi barbilla. Al llegar arriba, le di un tiento a mis reservas de agua tan desmedido, que me quedé más seco que la tierra de Los Ajaches. En aquel alto, un sin fin de caminillos recorrían la cima, optamos por seguir el más roto, nuestras Ghost se negaban a rodar por los senderos limpios, se decantaban siempre por el pedregal y la grieta. Bordeando barrancos y algún que otro acantilado nuestras fuerzas iban menguando, aquellas tierras te exprimían hasta la última caloría. Siguiendo la tónica dominante de aquel infierno arenoso, una nueva tanda de curvas con trialeras ascendentes nos impedían llegar hasta el siguiente punto de control donde poder almorzar y reponernos de aquel loco infierno, que jamás hubiésemos imaginado que se escondía entre aquellas montañas.



P1010384


Al fin un rato de diversión sin esfuerzo, tras una singular bajada en la que las horquillas tuvieron mucho trabajo, llegamos hasta la playa y siguiendo las indicaciones del gps, nos apalancamos en la terraza de un peculiar restaurante. Playa Quemada era otro precioso pueblo marinero en el que los tres colores mágicos de la isla, engalanaban sus casas. Tras unas cañas y unos destartalados, desvencijados, resecos y poco jugosos bocadillos de pollo, dejamos varios números de nuestras visas en la mesa y seguimos nuestro periplo dirección a Puerto del Carmen.
Para que la digestión no fuese muy agitada, una pista en buen estado, nos daba algo de descanso. Podíamos ver Puerto Calero y Puerto del Carmen en el horizonte. Aquella visión reconfortaba nuestros ánimos y hacía que una sensación de bienestar nos invadiese, pues todo estaba a pocos kilómetros de llegar a su fin. Tras cinco días de intenso pedaleo ya teníamos ganas de sentir la recompensa de un día lleno de ocio y sofá.



P1010383


Paseamos por las inmediaciones de un hotel muy curioso, y escondido en una esquina del aparcamiento había un acceso a un precioso paseo marítimo. Nuestra posición era relajada y más erguida de lo normal, gozábamos con el paisaje y con las casitas que íbamos viendo a nuestra izquierda. Puerto Calero estaba a nuestros pies. Antes de llegar hasta su bocana, hubo que sortear el barranco del Quiquere donde con algo de desgana bajamos y subimos unas escaleras con las bicis a la espalda. Ya no era momento de esfuerzos, se suponía que era la recta final y ese pasillo en la isla debería ser placentero y agradable. Una quebradísima rampa con oxidadas cadenas a modo de barandillas nos recordó que en la web de Pedales de Lava, ese punto era la antesala del descanso eterno.



Pedales de Lava 054


Playa Chica fue el último rinconcito por el que pedaleamos hasta llegar a nuestro destino. Se había cerrado el círculo, Alfa y Omega quedaban concatenados para la eternidad. En aquel paseo marítimo nos vimos bajando pequeñas rampitas con escalones muy curiosos. También nos vimos envueltos en una atmósfera muy especial, tal vez me atrevería a decir algo bohemia. Ese paseo estaba encajado entre bellísimas casas de una arquitectura marinera por antonomasia, que invitaban e incitaban a los paseantes a pisar sus dinteles para poder ver que había dentro de ellas. Los alféizares llenos de macetas, lucían vivos colores que alegraban la soleada mañana. Algún gato holgazán se podía ver tumbado contra las fachadas, esperando su hobillo de lana o un saltamontes distraído para hacer algo de ejercicio. Los restaurantes parecían anémonas, en cuanto los turistas se despistaban un poco se veían sentados a la mesa con un mantel repleto de delicias conejeras o comida italiana. Entre aquella explosión de olores y colores unos grupos de buceadores se ajustaban sus trajes de neopreno, sus jackets, revisaban la presión de sus botellas y sudorosos se dirigían a las neumáticas que esperaban varadas en la playa. Estuve a punto de dejar mi bici apoyada en el murete del paseo, sacar mi tarjeta de MASTER DIVER SSI y acercarme a saludar a mi viejo amigo Poseidón. Así, poco a poco, fijándonos en los tenderetes, turistas, tiendas y jardines, fuimos recorriendo el último trecho hasta llegar a Puerto del Carmen.
Habíamos llegado. Nuestra aventura había concluido. Un abrazo selló aquellas páginas de nuestras vidas. Orgullosos nos hicimos unas fotos en la plaza de las Naciones Unidas. Habíamos hecho realidad nuestro capricho, circundar Lanzarote montados en bicicleta. Unas horas después nos enfundamos en las camisetas oficiales de Pedales de Lava y en ese mismo instante, sentimos que todo el trabajo estaba hecho.”
Fin.


Pedales de Lava 056

 
A modo de epílogo, me gustaría usar este último párrafo, para expresar algunos elogios hacia Daniel, por su entrega como deportista y por su cálida amistad. Quien en ningún momento desfalleció ante ninguna de las pocas adversidades que se nos plantearon en el viaje, tanto sobre las bicis como vestidos con los pantalones vaqueros.

Quien no dudó en derrochar camaradería a raudales. Gracias nenico. No puedo cerrar esta crónica sin dejar patente mi admiración hacia Maximiliano Biela quien hizo que toda esta aventura se convirtiera en una divertidísima semana inolvidable. Agradecer a Chema su simpatía y el estar siempre al otro lado del teléfono cuando se le necesitó y ser tan diligente como útil. A la organización en general por estar tan pendientes de nuestros anhelos y necesidades.

A Ghost por fabricar unas bicicletas tan resistentes y manejables. A las gentes canarias por su avaricia a la hora de ser amables. A Sergio y Amelia me gustaría volver a llevarlos como compañeros de viaje, pues son una pareja que irradia mucha energía positiva, muchas ganas de pasarlo bien y sobre todo son dos personas de las que se aprende mucho simplemente estando a su lado. Por último y no menos importante, quiero regalar mi último reglón a Clara. Guapa, simpática y excesivamente detallista. Gracias por “El Grifo” y los bombones.
Pedales de lava "Episodio Nº 5" Reviewed by Administrador on 17:31 Rating: 5 Todo lo bueno se acaba, aquí os dejamos el quinto y ultimo episodio de “Pedales de lava” Esperamos que hayáis disfrutado de las crónicas d...

info@mallorcacycling.es

No hay comentarios: