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7/2/11

Quebrantahuesos 2010... Por Javier Magro

quebrantahuesosSolo tengo buenas palabras al describir al autor de este articulo, don de gentes, ganas de aprender, educación encima de la bici y como no, una de las personas que sabe descrivir con un realismo interesante, cada kilómetro de una marcha,  ruta o carrera a las que participa.

Desde aquí le agradezco los buenos momentos en los cuales he pedaleado junto a el, y su interés al colaborar con nosotros tras exponerle, este nuevo proyecto.  Mil gracias compañero.

Aquí tenéis una muestra, uno de sus relatos literarios, los cuales enganchan y  crean afición, espero que los disfrutéis tanto como yo.

Quebrantahuesos 2010... Por Javier Magro



Sin duda, es la prueba ciclista no profesionalizada más grande e impresionante que he visto. El despliegue es evidente nada más llegar. La carretera a Sabiñanigo, un sábado a las 6: 30 horas es un rosario de locos al volante con bicicletas asomando por los cuatros costados. Aparcamos a la entrada del pueblo y me voy con Nacho calentado 4 o 5 km a un punto donde solo hay ciclistas. Multitud de colores y nacionalidades esperan y tú solo escuchas los dos o tres helicópteros que te sobrevuelan a baja altura colocándote dentro del rosario de corredores, sin saber donde estás. Curva y contracurva de corredores hablándote en Inglés, Euskera etc...Suena un petardo y entiendo que la carrera empieza. Transcurren 10 minutos y parece que empezamos a movernos. No veo la cabeza de carrera ni tampoco el final, no sé donde estoy colocado. Por cierto, la previsión del tiempo en Sabinánigo era muy buena y yo con esas, maillot corto y poco más.

            Somos tantos, que la carretera la cortan para nosotros, ambulancias por doquier, motoristas de la Guardia civil, motos de Radio, de la organización, coches de Orbea para asistirnos, paisanos y paisanas en cada esquina moviendo el banderín rojo y bastante público nos jalea y nos anima, muchísimos corredores. Puedes acoplarte a un grupo o esperar momentáneamente la llegada de algún otro grupo adelantando por la izquierda. Empezamos la subida al Somport, por carretera ancha y bien asfaltada y con desniveles muy asumibles. El día ha perdido la luz del sol y empieza a aparecer el gris. La carretera se estrecha buscando el collado y yo sujetando los caballos, subo muy bien parando dos veces a evacuar aguas menores, cosa que no me había pasado nunca.
           
            El paso a Francia es estrecho y empieza la peor de mis pesadillas, lluvia incesante y frío, mucho frío en una bajada que no acaba nunca. Atenazado, intento no caerme, trazando las curvas  completamente erguido en posición nada natural. Sigo bajando y más frío si cabe. La lluvia cae con tal intensidad, que las gotas impactan en el suelo, rebotando y salpicando en nuevas gotas que te golpean de abajo a arriba. Imposible seguir la rueda del de delante para cortar el frío, pues la estela de agua que van levantando te impide ver. Atravesamos un túnel, de unos 500 metros y los dos arcenes atestados de corredores preguntándose, ¿qué hacemos aquí?.  Las marquesinas de los autobuses llenas,  no de viajeros esperando el bus sino de corredores guareciéndose del tiempo.
  
            Empiezo a darme cuenta de mi error. Tengo que abandonar, lo tengo decidido. Si pudiera encontrar algo que ponerme, podría salvarme. Freno en seco delante de unos contenedores. Descarto el de residuos orgánicos y el de vidrio y me meto en el de cartón. Todos los cartones mojados, se me deshacen en las manos. Por fin, una plancha de corcho blanco. Mi salvación. Tembloroso la corto con las manos intentando darle la forma de mi torso. Me ven otros ciclistas, también quieren de este oro blanco. La situación cambia radicalmente, sigo con problemas en brazos y manos pero el pecho está protegido. La espalda es un torrente de agua que se evacua por el conocido desfiladero que tenemos todos los mortales.

            Por fin tocamos el fondo del valle y sin darme cuenta comienza la Marie Blanque. El cuerpo empieza a generar calor y yo me empiezo a crecer. El asfalto está perfecto. Somos tantos que ocupamos toda la carretera. Subimos por una arboleda preciosa y rampas fuertes que obligan a retorcerse sobre la bici. Calor y más calor que me da ánimos. Aquí nadie ataca, todo el mundo a su ritmo y con 100 km en las piernas empiezo a ver que la gente lo está pasando mal.

            Coronamos y de nuevo el sufrimiento de la bajada. Estas bicicletas con este agua no frenan nada. Hoy, veo que las zapatas han desaparecido y alrededor una masa polvorienta, oscura que se pulveriza al tocar con las manos. Es un verdadero suicidio bajar en estas condiciones.

            Por fin, toco el fondo del valle y me vuelvo a animar. Tenemos unos 15 km llanos hasta la próxima subida y mi objetivo es colocarme detrás del ciclista más corpulento. Empiezan las hostilidades y reconozco un punto de suerte al colocarme detrás de un tal Guillermo, que se pone a tirar como un poseso. En un cambio de ritmo, ataca y yo que voy detrás consigo aguantarle la rueda. El día empieza a abrir y  miro para  atrás viendo que nadie ha podido coger mi rueda.

            Cuando quiero darme cuenta estoy en Laruns y la subida del Portalet empieza. El puerto es maravilloso, casi 30 km que discurren flanqueadas por dos moles de una altura indescriptible. ¿Cómo se puede salir de aquí?. La carretera, estrecha, va ganando altura entre las dos formaciones rocosas que te escoltan. Si tuviéramos esto en Madrid, que delicia.

            Anímicamente me encontraba bien. Este Col lo había subido en coche y lo conocía. Aquí lo iba a dar todo. Saque el intermitente de la izquierda y fui adelantando la fila india que se había formado. Las rampas de 3 y 4 % me las subía a 25 km/h., pero esto es muy largo y no se pueden hacer alardes a mi edad. Tuve al final momentos críticos de subir a 8 km/h y pedí la hora antes de coronar.

            Se corona en Formigal y de nuevo la cruz del descenso. Ha dejado de llover, el día quiere abrir pero el frío de la bajada es horrible. Un señor me da periódicos, pero desisto de quitarme el corcho. Carretera de tres carriles para ti solo, con el suelo seco, velocidades de vértigo. Tengo que parar de nuevo. El castañeo de dientes resuena en todo el valle. Veo corredores en la cuneta con abrigos prestados por el público. No puedo meter las manos en los bolsillos para buscar comida. Quiero empezar a subir otra vez. Empieza la subida y recobro la compostura. Hago cima en la Hoz de Jaca y de nuevo me temo lo peor. Es curioso, me encuentro una moto de la organización y el copiloto, bien abrigado con la mano desnuda  calibra la temperatura de los humos del tubo de escape y le dice al piloto: “ Hay que joelse, hasta los humos están fríos”.

            La última parte del descenso mejora y noto como la temperatura va en aumento. Curiosamente me estoy secando y de nuevo encuentro a un grupo de Granada que se pone a tirar por encima de 50 km/h. Es increíble con el Cierzo que había y la velocidad que llevábamos. Yo ya iba para pocas alegrías y tenía que aguantarles a rueda a toda costa, pues sólo a 15 km de Sabiñanigo hubiera sido un error fatal.

            Entramos en meta y allí estaban mi mujer junto a la de Nacho. Abrazo y besos de rigor y mientras me recupero me  dice  “ vaya día de calor que hemos pasado en Huesca. Estarás deshidratado...”

            Espero que Nacho cuelgue los datos definitivos, según dorsal, he empleado 8 horas y 3 minutos, por encima de 25 km/h. En la clasificación estoy por el dos mil trescientos y pico y en la clasificación de los imprudentes por no llamar imbeciles dentro de los diez primeros.

            Volveré o al menos lo intentaré y animo a todos los que quieran sumarse.


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